
Revisar el celular de forma constante, justificar comportamientos erráticos o depender de la validación de otros son indicios de dependencia emocional. Miriam Ruiz, psicóloga y autora del libro Ya no dependo de ti (2026), señala que estos tipos de vínculos, que al principio parecen positivos, pueden transformarse en ciclos de ansiedad e inseguridad, afectando la autoestima.
Un concepto clave en las relaciones contemporáneas es el refuerzo intermitente. Ruiz explica que esto se da cuando una persona se muestra interesada y luego se aleja o ignora. Esta forma de comportamiento crea una adicción emocional similar a la del juego.
La experta advierte: «Un ‘te quiero’ tras un desaire no es amor, es manipulación emocional; y una cita planeada a última hora no es interés, es conveniencia.»
La diferencia entre ser una prioridad o un Plan B se basa en hechos claros:
Romper con una relación de dependencia no es fácil, pero la psicóloga propone tres pasos fundamentales para comenzar este proceso:
Cortar estímulos: Dejar de revisar fotos, chats y redes sociales que brindan una falsa sensación de seguridad. Es crucial interrumpir la adicción al contacto virtual.
Cambiar rutinas: Si un día específico era importante, organiza actividades nuevas. Crea listas de reproducción distintas para que tu mente reconozca que hay vida más allá de esa persona.
Frenar el autoengaño: Reconocer la voz interna que dice «quizás esto cambiará» no es una intuición, sino un mecanismo para evadir el duelo.
Algunas personas buscan un último encuentro para obtener respuestas, pero Ruiz advierte que esto puede ser contraproducente. La ansiedad causa una búsqueda de alivio inmediato, pero la realidad es que la otra persona rara vez proporciona la claridad que se espera, resultando en una «resaca emocional» mayor.
«La verdadera resolución no es un acuerdo firmado, sino una decisión interna», concluye la psicóloga, destacando que aceptar la realidad es el primer paso hacia una relación amorosa sin sufrimiento.
Con información de Cuídate Plus.
DCN/Agencias