La economía venezolana se proyecta en expansión para el año 2026, enfrentando, no obstante, un desafío importante: la inflación. Según el más reciente informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), se espera un crecimiento del producto interno bruto (PIB) del 7,4%, mientras que la inflación podría rondar el 271%.
Este escenario refleja un patrón habitual en el país: crecimiento económico sin estabilidad en los precios.
Rebote impulsado por el petróleo
El crecimiento económico dependerá en gran parte del sector energético, con una expansión estimada de la actividad petrolera del 11,5%, alcanzando una producción aproximada de 1,21 millones de barriles diarios. Además, el componente no petrolero también muestra signos de dinamismo, con un crecimiento previsto del 6,9%, indicando una recuperación más amplia que va más allá del crudo.
El informe menciona que este desempeño se debe a cambios en el entorno institucional y regulatorio, sobre todo en el sector energético, tras los acontecimientos del 3 de enero, que alteraron las condiciones de operación económica en el país.
Inflación persistente
A pesar del crecimiento proyectado, la inflación sigue siendo un factor crítico. Aunque se espera que el nivel de 2026 sea inferior al del 2025, cuando superó el 475%, continúa estando entre los más altos a nivel mundial. Esto limita el impacto del crecimiento en el poder adquisitivo y complica la planificación económica tanto de empresas como de familias.
El PNUD enfatiza que el nuevo entorno introduce limitaciones. Parte de los ingresos por exportaciones se canaliza mediante mecanismos de supervisión internacional, lo que restringe el acceso a divisas y reduce la capacidad de gasto público en el corto plazo. Así, aunque la economía muestre crecimiento, la posibilidad de traducir este avance en mejoras sostenibles del consumo y los ingresos permanece limitada.
DCN/Agencias