
Un nuevo enfoque sobre el duelo tras la pérdida de una pareja está cambiando la visión tradicional en la psicología. Según un artículo de Psychology Today, respaldado por investigaciones de la Universidad de Haifa, se cuestiona la noción de «olvidar» a quien se ha perdido y se sugiere que mantener los lazos emocionales es fundamental para una adaptación saludable.
Los expertos, citados en Psychology Today, ahora reconocen que la pérdida de una pareja implica aceptar que los vínculos emocionales perduran, ya sea por fallecimiento o divorcio. Los recuerdos de la persona ausente son considerados elementos valiosos para el bienestar, en lugar de la antigua idea de desapego total.
Por años, la psicología sostenía que superar el duelo significaba romper el vínculo con el ser querido. Influenciada por Freud, esta perspectiva indicaba que la adaptación requería desvincularse emocionalmente del cónyuge fallecido. Susan Krauss Whitbourne, profesora emérita de la Universidad de Amherst y autora de The Search for Fulfillment, señaló que este enfoque «patologizaba» a quienes mantenían recuerdos de su pareja fallecida.
Sin embargo, la teoría del apego ha llevado a una reevaluación. Simon Rubin y su equipo han argumentado que aunque las relaciones terminan, los lazos emocionales persisten. Esta nueva visión propone que es posible y necesario mantener estos vínculos tras una pérdida, facilitando así el proceso adaptativo.
Las diferencias en el duelo por fallecimiento y divorcio son significativas. En el caso de un fallecimiento, la presencia física desaparece, pero el vínculo emocional se mantiene en la memoria del doliente. Psychology Today aclara que aunque la convivencia termine, el significado de la relación se conserva en el ámbito simbólico.
Por otro lado, el divorcio involucra la presencia física y legal de la expareja, lo cual puede complicar la situación, especialmente si hay hijos o temas económicos. El divorcio es un proceso gradual que puede erosionar la relación con el tiempo, mientras que la pérdida por fallecimiento es abrupta y provoca una mezcla de sentimientos que incluyen añoranza y soledad.
La investigación de Rubin introduce el «modelo de dos vías» para entender el duelo contemporáneo. Este modelo reconoce dos rutas principales: una enfocada en los cambios biopsicosociales que afectan al doliente y otra en los lazos que persisten con la pareja fallecida y la historia de la pérdida.
Los especialistas sugieren que reconocer estos vínculos y recuerdos significativos tiene un impacto terapéutico. Mantener objetos con valor emocional, como cartas o fotografías, es visto como un recurso para continuar con el relato personal, siempre que no impida avanzar hacia nuevas etapas. Esta comprensión actual sostiene que los lazos emocionales sobreviven más allá de la relación y pueden ofrecer consuelo a quienes enfrentan el duelo.
DCN/Agencias