¿Cuál es la hora ideal para la cena? La influencia de tu última comida en el peso y la calidad del sueño

Los especialistas advierten que cenar temprano tiene beneficios significativos para la salud, mientras que hacerlo tarde puede afectar el bienestar general. Esta práctica de comer en horas avanzadas de la noche se relaciona con un mayor riesgo de enfermedades crónicas, como la diabetes tipo 2, problemas cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer.

La hora ideal para cenar no se centra en un horario específico, sino en el tiempo entre la última comida y el momento de dormir. Según Ekaterina Kim, especialista en alimentación, lo recomendable es cenar antes de las 9 de la noche, manteniendo un lapso de al menos tres horas previas al sueño para evitar malestares digestivos.

Incluso para quienes trabajan en turnos nocturnos, es aconsejable programar la última comida de manera que no sea muy tarde. Kim señala que, aunque una persona se acueste a las 3 de la mañana, no debería cenar a medianoche, ya que eso podría sobrecargar el organismo.

El metabolismo disminuye por la noche, y los alimentos consumidos en horarios tardíos tienden a procesarse con menor eficacia, aumentando la probabilidad de acumulación de grasa. Esto puede derivar en aumento de peso, pesadez y trastornos del sueño.

Además, la cena no debe ser la comida más calórica del día. Su propósito es generar saciedad sin sobrecargar el sistema digestivo. Una cena contundente puede afectar la recuperación durante la noche y el estado físico al día siguiente. Por eso, se sugiere un patrón de alimentación que sea equilibrado: un desayuno adecuado, un almuerzo completo y una cena más ligera. «Compensar» con una cena abundante tras un día de escasa ingesta puede provocar estrés al organismo.

Kim también aconseja ajustar la hora de la cena progresivamente, empezando por adelantarla entre 30 y 40 minutos, lo que facilita la adaptación del cuerpo y disminuye las ganas de picar de noche.

La especialista en nutrición, Melissa Groves Azzaro, recomienda que la última comida del día se realice antes de las 7 de la tarde, alineándose con el ritmo circadiano del cuerpo. Al cenar tarde, se interfiere en el control de la glucosa y se elevan los niveles de insulina, lo que puede afectar la señal de hambre al día siguiente.

Groves Azzaro apunta a que cenar tarde puede llevar a un patrón en el que se come poco durante el día y se compensa con ingestas excesivas en la noche, creando un ciclo dañino. Comer en horas tardías puede resultar en un almacenamiento mayor de glucosa como grasa, dado que el cuerpo procesa mejor este nutriente durante el día.

DCN/Agencias

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