El conflicto en Oriente Próximo escaló este viernes con la caída de dos aviones militares estadounidenses en territorio hostil. El incidente más significativo fue el derribo de un caza F-15 por las defensas de Irán, marcando un hito desde el inicio de las hostilidades el 28 de febrero. Uno de los pilotos fue rescatado, pero el segundo se encuentra desaparecido, lo que ha desencadenado una intensa búsqueda en el área. Simultáneamente, un avión A-10 Warthog se estrelló cerca del estratégico Estrecho de Ormuz, aunque su piloto fue recuperado sano y salvo. Estos sucesos ocurren en un contexto de silencio oficial por parte del Pentágono y el Comando Central.

A pesar de la gravedad de estos incidentes, que también incluyeron ataques a helicópteros de rescate, el presidente Donald Trump ha mantenido una postura cautelosa. En una intervención telefónica con NBC News, minimizó la repercusión de los hechos en las negociaciones con Irán, afirmando: «Estamos en guerra», sin proporcionar detalles sobre el piloto desaparecido. Este revés operativo representa un golpe para la «Operación Furia Épica», justo después de que Trump anunciara, hace 48 horas, una ofensiva final de tres semanas para debilitar la resistencia iraní y asegurar las rutas petroleras del Golfo.

El panorama diplomático también se complica. Las gestiones de paz lideradas por Pakistán se encuentran estancadas debido a la negativa de Irán de dialogar bajo las condiciones actuales. Mientras la diplomacia fracasa, Trump ha solicitado un presupuesto récord de 1,5 billones de dólares para defensa, proponiendo recortes en programas sociales. Sin embargo, esta propuesta enfrenta oposición incluso dentro del Partido Republicano, con senadores como John Curtis alertando que no apoyarían más fondos sin una evaluación formal sobre una declaración de guerra.

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