América Latina y el Caribe se enfrentan en 2026 a un desafío persistente: aunque su economía crece, lo hace a un ritmo insuficiente para mejorar de manera sostenida la calidad de vida de la población. Según un informe reciente del Banco Mundial, se espera un crecimiento del 2,1% para este año, que se sitúa por debajo del 2,4% de 2025, manteniendo a la región entre las menos dinámicas del mundo.
El reporte destaca que, si bien el consumo privado sigue siendo el principal motor de la economía, la inversión permanece rezagada, condicionada por la incertidumbre global y condiciones financieras restrictivas. Aunque la inflación ha disminuido, el ritmo es más lento de lo previsto, forzando a los bancos centrales a una postura cautelosa, lo que limita las opciones para estimular la actividad económica.
El informe señala que el bajo crecimiento afecta la reducción de la pobreza. Históricamente, los avances en este ámbito se lograron durante ciclos económicos favorables, como entre 2003 y 2013, pero actualmente la desaceleración complica estos esfuerzos.
El Banco Mundial también apunta a desafíos estructurales más profundos, como la baja productividad, limitada innovación y deficiencias en los mercados financieros. Estos factores disuaden tanto al sector privado como a los gobiernos de invertir y experimentar, creando un ambiente de altas incertidumbres.
Se sugiere repensar la política industrial para facilitar la adaptación y la innovación en las economías, lo que incluye fortalecer instituciones y reducir riesgos para fomentar la inversión privada. A pesar de las dificultades, hay oportunidades en la transición energética y la demanda de minerales críticos que podrían beneficiar a la región, pero esto dependerá de la coherencia política y la inversión en infraestructura y talento humano.
DCN/Agencias