
No hay consenso sobre la denominación de los tambores que rinden culto a San Benito de Palermo; algunos les llaman chimbangle y otros, chimbangueles. Se cree que el origen del término podría ser africano. Esta tradición forma parte del patrimonio cultural zuliano y tiene un vínculo significativo con los tambores de San Benito.
Los chimbangles o chimbangueles son manifestaciones culturales afrovenezolanas, principalmente celebradas en el Zulia, Trujillo y Mérida. Consisten en un conjunto de siete tambores, cada uno con un golpe particular, denominados Ajé, Chocho, Cantica, Misericordia, Sangorongome Vaya y Chimbangalero Vaya. El Ajé se asocia con la veneración de deidades del agua, mientras que el Chocho se toca al entrar o salir la imagen de San Benito de un templo.
Los tambores se clasifican en machos y hembras, estos últimos subdivididos en primera, segunda y media requinta. Los machos producen tonos graves y tienen nombres como arriero o mayor, respondón, cantante y medio golpe. En algunas agrupaciones, se incluye un tamborito de menor tamaño, que ofrece un sonido intermedio.
El chimbangle actúa como una orquesta de percusión que establece un diálogo sonoro entre los tambores machos y las requintas, creando un sistema responsorial similar al de los ritos católicos. Esta característica permite que los músicos se desplacen, lo que otorga una dinámica única a las presentaciones.
La tradición del chimbangle tiene su punto culminante el 27 de diciembre, durante la celebración de San Benito. Se originó en el Sur del Lago de Maracaibo y ha logrado expandirse a otras regiones, incluyendo Andes y Falcón.
La migración de familias de localidades como Bobures y Gibraltar hacia Maracaibo, impulsada por la industria petrolera, ha promovido la difusión del chimbangle en la ciudad. Aunque se considera en cierta medida una celebración marginal, las sonoridades del Santo Negro están presentes en la vida cotidiana de Maracaibo, donde la fiesta de los tambores se ha vuelto emblemática.
DCN/Agencias