¡Atención! El ‘agresor silencioso’ que obstaculiza el aprendizaje infantil y perjudica la salud cardiovascular.

El ruido, considerado como un “agresor invisible” para la salud, tiene un impacto significativo que a menudo es subestimado, especialmente en grupos vulnerables como niños y ancianos. Esto puede afectar el aprendizaje de la lectura en los más pequeños, así como impactar a aquellos con afecciones que afectan su sistema nervioso y locomotor. Esta reflexión proviene de Jesús Alba, catedrático de Física y experto en acústica de la Universitat Politècnica de València (UPV), en el marco del Día Internacional de la Concienciación del Ruido, que se conmemora el 29 de abril.

Alba señala que el ruido es uno de los contaminantes reconocidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), y lamenta la falta de cultura sobre su impacto en la salud, especialmente en poblaciones vulnerables. Resalta que en lugares donde hay mucho tráfico, como cerca de escuelas y grandes vías, los niveles de ruido son especialmente elevados, lo que influye en el tiempo que les toma a los niños aprender a leer y en su comportamiento.

En términos de decibelios, la OMS asegura que el umbral aceptable para dormir no debería superar los 30. A partir de 55 decibelios, las molestias aumentan y, con niveles superiores a 65, la comunicación puede volverse complicada. A partir de 80 decibelios, se considera un área de riesgo, y en entornos laborales se deben tomar medidas preventivas, incluyendo el uso de protectores auditivos.

Alba argumenta que los colegios deberían estar ubicados en áreas con menos ruido y sugiere implementar medidas como disminuir la velocidad del tráfico cerca de las escuelas y construir barreras que mitiguen el ruido. Además, menciona la posibilidad de utilizar asfalto diseñado para minimizar los ruidos producidos por el tráfico, destacando que, aunque los vehículos eléctricos son silenciosos, eso no elimina el ruido del pavimento.

Por último, subraya la necesidad de crear una conciencia social sobre este problema. Las asociaciones de padres y representantes (AMPA) deben estar alerta para hacer visible la situación y buscar soluciones. A pesar de que existen iniciativas para abordar el ruido, persiste una falta de conciencia en la población, que suele enfocarse más en el ruido de ocio que en el generado por el tráfico. Alba concluye con la idea de que se deben reevaluar las carreteras y su asfalto para mantener óptimos los niveles acústicos, dado que el 80% del ruido en estudios europeos proviene de las vías.

DCN/Agencias

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