
La posibilidad de una dolarización total en Venezuela es técnica, pero implica una transición política con legitimidad electoral, un programa de estabilización respaldado por organismos internacionales, una redefinición de la institucionalidad monetaria y un uso prudente de la renta petrolera.
Antes de abordar la dolarización, hay que considerar que el PIB de Venezuela en dólares se estima alrededor de 120 mil millones, una cifra aún muy distante de los niveles históricos. Este crecimiento actual se apoya mayormente en el petróleo y el comercio dolarizado, lo cual muestra una economía frágil.
La inflación sigue alta y el M2, medida amplia de dinero, rebasa 1.281 billones de VES, lo que indica que la conversión a dólares requeriría un respaldo sólido para evitar devaluaciones severas. La dolarización se justifica cuando la moneda local no cumple sus funciones, algo que ya es evidente en la economía venezolana.
Venezuela cuenta con importantes reservas petroleras, alcanzando 303,22 mil millones de barriles, según OPEP. Sin embargo, su extracción, dada la calidad del crudo, es compleja. Las proyecciones indican que podría aumentar la producción en los próximos años, aunque los tiempos de extracción son extensos.
La deuda externa abarca múltiples tipos de compromisos, y el FMI podría desempeñar un papel crucial en cualquier proceso de estabilización, proporcionando las condiciones adecuadas.
A nivel transaccional, la caída del efectivo facilita una dolarización digital que aproveche tecnologías existentes, impulsando un sistema de pagos electrónicos.
El proceso de dolarización se dividiría en tres fases: preparatoria, de paralelismo y desconexión final del bolívar, cada una con sus respectivos tiempos y objetivos.
En definitiva, la viabilidad de esta transición dependerá de factores políticos, económicos y de actores clave en el país y el extranjero.
DCN/Agencias