¿Dibujos animados o sobreestimulación? Analizando cómo las pantallas afectan el cerebro de los niños.

El estilo frenético de las caricaturas actuales, con cambios constantes de imagen y un despliegue de luces y sonidos, está afectando la neuropsicología de los niños y jóvenes. Especialistas advierten que este exceso de estímulos no es inofensivo, ya que puede alterar la atención y la regulación emocional en los menores.

El psiquiatra Javier García Campayo, del Hospital Universitario Miguel Servet, explica que la exposición frecuente a contenidos intensos provoca una hiperestimulación cerebral. En cerebros en desarrollo, esto activa el circuito de la dopamina, el mismo mecanismo que está relacionado con las recompensas y adicciones. Según señala García, cuando este ciclo se repite, los niños buscan esos estímulos constantemente; de lo contrario, pueden experimentar aburrimiento e irritabilidad. Esta dependencia a la tecnología disminuye la tolerancia a la frustración y dificulta la concentración en actividades cotidianas que no tienen ese ritmo acelerado, como leer o estudiar.

Al comparar producciones antiguas con las actuales, se observa una diferencia significativa. Series clásicas presentaban ritmos más calmados y estructuras narrativas coherentes, en contraste con las modernas que priorizan:

  • Intensidad visual y sonora extrema.
  • Contenidos disruptivos sin espacio para la reflexión.
  • Narrativas fragmentadas que fomentan la impulsividad y la inestabilidad emocional.

Este impacto se amplifica en redes sociales y videojuegos rápidos, donde la gratificación instantánea es común, lo que resulta más perjudicial para el cerebro infantil que para uno adulto ya desarrollado.

Para resguardar la salud mental y el desarrollo cognitivo de los niños, no es suficiente con prohibir el uso de pantallas. García Campayo propone gestionar y diversificar el consumo digital mediante las siguientes estrategias:

  1. Fomentar el «tiempo offline»: Dar prioridad a deportes, manualidades, rompecabezas y lectura en familia.
  2. Selección crítica de contenidos: Elegir documentales o series clásicas de ritmo pausado que promuevan el diálogo.
  3. Acompañamiento activo: Ver televisión junto a los niños para reflexionar sobre lo que ven.
  4. Contacto con la naturaleza: Realizar actividades al aire libre para ayudar a equilibrar el sistema nervioso ante el exceso de estímulos digitales.

El involucramiento de los padres es fundamental para evitar que la “diversión” se convierta en un obstáculo para el desarrollo emocional adecuado.

DCN/Agencias

Entérate al instante de más noticias con tu celular siguiéndonos en Twitter y Telegram
Suscribir vía Telegram

Lo más Leído

Tu opinión vale...

Lea también