
El estilo frenético de las caricaturas actuales, con cambios constantes de imagen y un despliegue de luces y sonidos, está afectando la neuropsicología de los niños y jóvenes. Especialistas advierten que este exceso de estímulos no es inofensivo, ya que puede alterar la atención y la regulación emocional en los menores.
El psiquiatra Javier García Campayo, del Hospital Universitario Miguel Servet, explica que la exposición frecuente a contenidos intensos provoca una hiperestimulación cerebral. En cerebros en desarrollo, esto activa el circuito de la dopamina, el mismo mecanismo que está relacionado con las recompensas y adicciones. Según señala García, cuando este ciclo se repite, los niños buscan esos estímulos constantemente; de lo contrario, pueden experimentar aburrimiento e irritabilidad. Esta dependencia a la tecnología disminuye la tolerancia a la frustración y dificulta la concentración en actividades cotidianas que no tienen ese ritmo acelerado, como leer o estudiar.
Al comparar producciones antiguas con las actuales, se observa una diferencia significativa. Series clásicas presentaban ritmos más calmados y estructuras narrativas coherentes, en contraste con las modernas que priorizan:
Este impacto se amplifica en redes sociales y videojuegos rápidos, donde la gratificación instantánea es común, lo que resulta más perjudicial para el cerebro infantil que para uno adulto ya desarrollado.
Para resguardar la salud mental y el desarrollo cognitivo de los niños, no es suficiente con prohibir el uso de pantallas. García Campayo propone gestionar y diversificar el consumo digital mediante las siguientes estrategias:
El involucramiento de los padres es fundamental para evitar que la “diversión” se convierta en un obstáculo para el desarrollo emocional adecuado.
DCN/Agencias