¿Temes el estallido de un globo o el sonido de una sirena de ambulancia? Podrías estar padeciendo esta fobia.

La fonofobia es un temor irracional hacia determinados sonidos, generalmente fuertes, inesperados o repetitivos, que afecta notablemente la vida de quienes la padecen. Según la psicóloga Irene Ampuero López, del Instituto Psicológico Cláritas, estos sonidos pueden ir desde el estallido de un cohete hasta el tic-tac de un reloj o la sirena de una ambulancia, y generan una respuesta de miedo intensa.

Ampuero explica que los ruidos que causan fonofobia cumplen con ciertas características: son repentinos o inesperados, lo que lleva a un estado de alerta constante; suelen ser de alto volumen o repetitivos; y están ligados a experiencias negativas en la vida de la persona, lo que activa emociones desagradables.

Los síntomas de la fonofobia pueden clasificarse en cuatro modalidades, no necesariamente presentes en todos los casos. En el ámbito físico, se pueden experimentar sudoración, taquicardia, náuseas, hiperventilación, tensión muscular y dolor de cabeza. Estos síntomas pueden intensificarse hasta provocar un ataque de pánico.

En cuanto a los síntomas cognitivos, el individuo puede desarrollar asociaciones erróneas sobre los sonidos, reflejando un pensamiento polarizado. En el aspecto emocional, es común que la persona sienta irritabilidad ante ruidos cotidianos, miedo por las posibles consecuencias de esos sonidos y tristeza por el aislamiento que provoca la fobia.

En el plano conductual, pueden evitar lugares donde se espera la presencia de ciertos ruidos, como eventos con fuegos artificiales, y pueden adoptar conductas de escapismo.

Es clave distinguir entre fonofobia e hiperacusia. Ambas pueden coexistir, pero la hiperacusia se refiere a una alta sensibilidad auditiva donde los sonidos se perciben dolorosos o molestos. Por esta razón, algunos ruidos pueden asociarse a un estrés físico que derive en fonofobia.

Para tratar la fonofobia, es esencial la psicoterapia. La intervención busca que la persona se sienta respaldada y sin juicio, dado que estas fobias a menudo no son comprendidas por su entorno. El tratamiento incluye modificar pensamientos erróneos, procesar experiencias pasadas relacionadas con la fobia, enseñar estrategias de regulación emocional y, en algunos casos, la introducción gradual a los sonidos temidos. También puede ser necesario el uso de ansiolíticos o antidepresivos bajo supervisión médica.

DCN/Agencias

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