
Moscú atribuye la situación actual en Irán a las sanciones impuestas por Occidente, en medio de protestas que han derivado en violencia. La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, María Zajárova, señaló que las “medidas ilegales” de años han creado problemas económicos y sociales que afectan a la población.
La Cancillería rusa indica que fuerzas externas buscan aprovechar la tensión social para “desestabilizar y destruir” el Estado iraní. Zajárova mencionó que se usan “métodos de las revoluciones de colores”, donde protestas pacíficas se transforman en disturbios graves, y acusó a provocadores “entrenados y armados” de seguir instrucciones desde el extranjero.
Además, condenó la injerencia exterior en los procesos políticos internos de Irán. La funcionaria destacó que el Gobierno de Irán está abierto al diálogo con la sociedad para abordar los efectos negativos de las políticas hostiles de Occidente.
Zajárova también repudió las amenazas de Estados Unidos de realizar ataques militares contra Irán, advirtiendo sobre las graves consecuencias que tales acciones tendrían para la seguridad regional y mundial. Moscú rechazó los intentos de chantajear a los aliados de Irán mediante aumentos de aranceles comerciales.
La Cancillería afirmó que la disminución en la intensidad de las protestas, que comenzaron en diciembre, podría llevar a una estabilización gradual. Destacaron las marchas masivas en apoyo a la soberanía iraní como prueba del fracaso de los planes de aquellos que no aceptan un país con política exterior independiente.
A pesar de los disturbios, las misiones diplomáticas rusas en Irán operan normalmente y están en contacto con los ciudadanos rusos en el país, recomendando precauciones, como evitar lugares con alta concentración de personas y cumplir con las indicaciones de las autoridades locales.
Las protestas en Irán se han intensificado en un contexto de crisis económica y devaluación de la moneda. El presidente estadounidense Donald Trump ha amenazado con intervenir si hay muertes de manifestantes, mientras que Israel evalúa el impacto del reciente secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro, en el caso iraní. Teherán acusa a Washington y Tel Aviv de utilizar las protestas en una “guerra blanda” y les advierte sobre la ingerencia en sus asuntos internos.
T/RT
DCN/Agencias