Después de flexibilizar el estricto control cambiario que heredó, el presidente argentino Javier Milei busca evitar movimientos bruscos del peso. Su equipo económico mezcla mayor libertad para el tipo de cambio con intervenciones indirectas que absorben pesos y limitan la demanda de dólares.
El 1 de enero, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) instauró una banda cambiaria que se ajusta mensualmente a la inflación y lanzó un plan para recuperar reservas internacionales. Esta acción fue bien vista en Wall Street, interpretándose como un intento de aportar previsibilidad a un sistema cambiario históricamente volátil.
En paralelo, el BCRA ha intensificado la venta de letras dólar linked, que se ofrecen a precios inferiores al dólar mayorista. Este descuento implícito permite que los inversores obtengan retornos cercanos al 18% anual en dólares, superior a varios bonos soberanos en moneda dura. Esta estrategia tiene un doble objetivo: absorber pesos que podrían afectar el mercado cambiario y ofrecer una cobertura económica atractiva que incentive a bancos y empresas a desprenderse de dólares spot.
Recientemente, el volumen de letras dólar linked con vencimientos cortos ha aumentado significativamente, superando los 500.000 millones de pesos diarios. Durante este período, el BCRA adquirió aproximadamente US$273 millones, llevando las reservas a su punto más alto en tres años.
La estrategia ha logrado mantener el tipo de cambio oficial cerca de 1.450 pesos por dólar. Sin embargo, los costos de mantener esta estabilidad están aumentando, ya que los retornos implícitos superan el 18% anual, un nivel que algunos analistas consideran insostenible. Además, la expansión de los instrumentos dólar linked podría aumentar la exposición del Gobierno ante una posible depreciación del peso.
A pesar de lograr contener la volatilidad, esta estrategia de Milei enfrenta el reto de sostener el equilibrio en medio de alta inflación y reservas frágiles.
DCN/Agencias