
Un estudio publicado en el Journal of the American Heart Association revela que los adultos noctámbulos, es decir, aquellos que son más activos durante la madrugada, tienen una salud cardiovascular peor en comparación con quienes tienen hábitos diurnos. La investigación abarcó a más de 300.000 personas del Biobanco del Reino Unido y destaca especialmente el impacto negativo en las mujeres, quienes muestran puntuaciones más bajas en salud cardíaca al seguir este tipo de rutinas.
El análisis concluyó que las personas que tienen un cronotipo vespertino presentan un 79% más de posibilidades de experimentar deficiencias en indicadores de salud cruciales, como los niveles de azúcar en sangre, la presión arterial y el colesterol. Según Sina Kianersi, investigador de la Escuela de Medicina de Harvard y autor principal del estudio, esto se relaciona con la “desalineación circadiana”, que se refiere a la desconexión entre el reloj biológico interno y los ciclos naturales de luz y oscuridad.
Este desajuste no solo afecta el metabolismo, sino que también se asocia con una serie de hábitos perjudiciales, como el consumo de tabaco y una dieta poco saludable, aumentando un 16% el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular.
El estudio indica que, aunque los resultados son claros, el cronotipo no es algo definitivo en términos de salud. Kristen Knutson, presidenta de la declaración de 2025 de la American Heart Association, enfatiza que muchos de los riesgos son atribuibles a comportamientos que los individuos pueden modificar. No se trata únicamente de la hora en que se duerme, sino de la calidad del sueño y la eliminación de hábitos nocivos.
Sin embargo, también se observa una diferencia en la sensibilidad biológica; incluso con hábitos similares, las mujeres noctámbulas tienden a tener peores resultados en salud que los hombres. Esto sugiere una reactividad biológica diferente frente a la alteración de los ritmos circadianos.
La investigación sugiere que considerar el cronotipo del paciente podría ser vital al prescribir tratamientos, ya que algunos medicamentos podrían funcionar mejor cuando se administran en consonancia con los ritmos circadianos. A pesar de las limitaciones del estudio, que se basa en datos mayormente de población blanca y autoinformados, se reafirma que el corazón parece beneficiarse del ciclo diurno. Para las mujeres de mediana edad, sincronizarse con el ciclo natural podría ser una de las intervenciones más efectivas y accesibles.
Vía El Nacional.
DCN/Agencias