La magnitud de la deuda de Venezuela con China sigue siendo incierta, en parte debido a la falta de datos oficiales y el deterioro institucional tras el default soberano de 2017. Sin embargo, se reconoce que el petróleo ha sido fundamental en esta relación financiera, siendo el canal que permitió a Beijing seguir recibiendo pagos cuando otros acreedores quedaron impedidos por sanciones.
Según estimaciones de AidData, un centro de investigación de la Universidad William & Mary, los préstamos chinos a Venezuela alcanzarían los 106.000 millones de dólares entre 2000 y 2018, con 44.000 millones de dólares aún pendientes para 2017. Por otro lado, Société Générale computa la deuda actual en aproximadamente 10.000 millones de dólares, mientras que JP Morgan la estima entre 13.000 y 15.000 millones, cifras que AidData considera coherentes.
No se sabe si Venezuela ha pagado parte del capital o solo intereses desde el default. La mayoría de los préstamos están garantizados por petróleo, principalmente a través del Banco de Desarrollo de China, donde parte de los ingresos de las exportaciones de crudo a China se destinan al servicio de la deuda. En 2019, China otorgó a Venezuela un período de gracia, permitiendo que los compromisos se cubrieran con envíos de petróleo.
La falta de estadísticas confiables dificulta el análisis de la situación. Venezuela dejó de publicar datos sobre su deuda desde hace años, y el Banco Central solo aportó cifras parciales en 2019. Además, el Fondo Monetario Internacional no revisa el país desde 2004.
En medio de este panorama, analistas recurren a documentos filtrados y el seguimiento de los flujos petroleros para entender la situación. China, a diferencia de otros acreedores, ha podido seguir recibiendo pagos, ya que los acuerdos petroleros le permiten canalizar ingresos directamente a la deuda. Sin embargo, la supervisión de Estados Unidos complicaría futuros pagos desde cuentas en Qatar.
DCN/Agencias