
La madrugada del 3 de enero, Caracas se volvió el epicentro de la atención mundial debido a un bombardeo del gobierno estadounidense. La tranquilidad nocturna fue interrumpida por explosiones que impactaron especialmente a los más pequeños, quienes vivieron la experiencia de primera mano.
Naty, una niña de 9 años que vive en El Valle, relató cómo miraba las explosiones desde el balcón mientras su hermano la protegía. En El Paraíso, Isa, de 8 años, pensó que eran fuegos artificiales hasta que su madre lo desmintió, causándole miedo. Kevin, de 9 años, describió el sonido de los aviones como un fuerte retumbido que lo hizo sentir incomodidad.
Los niños, como Amanda y Alex, fabricaron un «fuerte» en su sala en medio de la falta de electricidad y confusión. Luciana, de 10 años, manifestó su preocupación sobre posibles nuevas explosiones, mientras que Julián, de 12 años, mencionó que su madre estaba nerviosa y temía por su seguridad.
Respecto a la niñez, Carlos Trapani, coordinador de Cecodap, enfatizó que los conflictos geopolíticos ignoran las realidades de los niños, quienes a menudo son los más afectados por la violencia y la inestabilidad. En América Latina, aproximadamente 48,8 millones de niños fueron desplazados por distintas crisis, según Unicef.
Oscar Misle, un experto en educación, ofreció consejos para comunicar a los niños sobre situaciones de violencia, como validar sus sentimientos, mantener una comunicación adecuada y reforzar la rutina familiar para brindarles estabilidad en tiempos inciertos.
DCN/Agencias