
Ayer, Barquisimeto vibró con la energía de casi 4 millones de personas que se congregaron en la 168ª procesión de la Divina Pastora. Este evento no solo se trató de una celebración religiosa, sino de un reencuentro de la comunidad, que caminó al unísono junto a su «Excelsa Patrona» en medio de cantos y emociones.
La celebración de este año marcó un hito significativo. Por primera vez en casi dos siglos, la Virgen no se presentó vestida como reina, sino que se mostró como una mujer tamunanguera. Su atuendo, inspirado en el folklore de El Tocuyo, junto a un Niño Jesús ataviado con un liquilique, resonó con la identidad del pueblo larense, recordando a todos que la fe también está ligada a las raíces y tradiciones.
Barquisimeto, ayer, no solo se destacó como la capital musical del país, sino que también se convirtió en el corazón espiritual de una Venezuela que sigue aferrándose a la esperanza y el amor. La devoción y la fe de los presentes reflejan un fuerte sentido de comunidad y pertenencia.
La procesión es un evento que une a la gente, y este año, con su nuevo atuendo, la Divina Pastora reafirma la importancia de la cultura y las tradiciones locales, conectando a los devotos con su historia y su fe.
Barquisimeto, con su vibrante atmósfera, reafirmó su legado como un bastión de la espiritualidad y la cultura venezolana.
DCN/Agencias