
La Navidad de este año en Venezuela se presenta con un fuerte sentimiento de aislamiento. Los recientes cambios geopolíticos han dificultado el regreso de miles de migrantes al país, ya que soñaban con reunirse con sus familias en estas fechas festivas.
A finales de noviembre, las tensiones con Washington desencadenaron un nuevo capítulo en esta situación. La Administración Federal de Aviación de EE. UU. advirtió sobre los riesgos de volar en la región, indicando que “el espacio aéreo sobre y alrededor de Venezuela está cerrado en su totalidad”. Esto resultó en la cancelación de rutas por parte de aerolíneas regionales y europeas, dejando a muchos sin la posibilidad de regresar.
Las consecuencias emocionales de esta desconexión son profundas. Sol, quien vive en Buenos Aires, indicó que su hija de 7 años no podrá ver a su abuela en Caracas, después de que su vuelo se cancelara a solo cuatro días de su salida. En Caracas, la madre de Sol había preparado un árbol de Navidad con la esperanza de recibir a sus nietas, marcando la tristeza de una situación derivada de la coyuntura política.
Otros casos, como el de un ingeniero en Argentina, destacan la frustración de quienes organizaron su primer viaje de regreso desde 2019. Finalmente, la historia de Alessia Starita, desde Italia, revela cómo la esperanza persiste entre aquellos que esperaban reunirse con sus seres queridos.
Con el espacio aéreo prácticamente cerrado, la diáspora venezolana vive en un clima de incertidumbre. Las posibilidades de retorno son escasas, convirtiendo cada viaje planeado en un acto de fe, frecuentemente marcado por la frustración.
DCN/Agencias