
En medio de un contexto político y económico complicado, el gobierno chavista decide profundizar su estrategia de poder. Nicolás Maduro y su equipo están enfrentando la presión política internacional, específicamente de Estados Unidos, y buscan consolidar un modelo de Estado revolucionario, ampliando su control político y social.
Según informes, en 25 años de gobierno, el chavismo ha incrementado su dominio institucional cada vez que se ha presentado una crisis. Para reforzar esta situación, el oficialismo ha limitado el espacio para el debate público, intensificado arrestos de opositores y restructurado el aparato gubernamental. La reciente liberación de 99 presos políticos es vista como una estrategia para mejorar su imagen sin cambiar su enfoque radical.
El Estado Comunal se convierte en el eje de esta nueva etapa, con cerca de 5.300 comunas en proceso de organización. Estas estructuras territoriales recibirán más recursos y apoyo institucional, además de contar con un incremento en la presencia militar a través de Unidades Comunales de Defensa Integral.
El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) ha discutido avanzar hacia una «fase armada de la revolución», inspirado en la «guerra popular prolongada». Maduro ha ordenado la difusión de armas y el alistamiento de trabajadores públicos para defender la nación.
También se preparan reformas constitucionales que podrían debilitar la autonomía regional y fortalecer el rol militar en la política. El chavismo ha estado impulsando la Consulta Popular Nacional para seleccionar proyectos comunales, aunque la desconfianza hacia este sistema ha crecido entre los venezolanos, según analistas.
A medida que la represión aumenta y la vigilancia cívica se intensifica, el régimen mantiene una estrategia frente a un panorama de crecientes tensiones internas y externas.
DCN/Agencias