
En un contexto caracterizado por altas tasas de interés y dudas fiscales, los grandes inversionistas están reevaluando sus estrategias. Un reciente sondeo de Goldman Sachs, que incluyó a más de 900 entidades globales, señala que para 2026, el oro y la tecnología se perfilan como los principales activos de interés, aunque por motivos distintos.
El oro se destaca como el activo con mayor potencial para el próximo año. Su atractivo no solo radica en ser un refugio tradicional, sino también en el aumento de las compras por parte de bancos centrales y en el deterioro de las finanzas públicas en economías avanzadas. Goldman Sachs ya había mencionado que, si las tendencias actuales persisten, el oro podría superar los 4,000 dólares por onza hacia 2026, una cifra que hace una década sonaba inalcanzable. Además, la expectativa de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal refuerza esta proyección, haciendo que el oro, un activo sin rendimiento, sea nuevamente atractivo en un escenario de tasas más bajas.
Por otro lado, la tecnología también se beneficia de este cambio. Un 44% de los encuestados considera que este sector tendrá un excelente desempeño en 2026, impulsado por la demanda global de infraestructura relacionada con inteligencia artificial y centros de datos. En este caso, no se trata de un refugio, sino de una inversión en crecimiento, ya que las expectativas de gasto en inteligencia artificial aún tienen mucho margen de expansión.
En contraste, la renta fija y los bonos corporativos se quedan atrás, adoptando una estrategia más cautelosa. La volatilidad política y otras incertidumbres han llevado a muchas instituciones a centrarse en la liquidez y en ajustes frecuentes de sus portafolios.
El sondeo refleja un mercado que oscila entre el escepticismo macroeconómico y la confianza en la tecnología, equilibrando la búsqueda de refugio en el oro con oportunidades en el ámbito de la inteligencia artificial.
DCN/Agencias