La generación Z en América Latina se presenta como la más educada y menos empobrecida en la historia de la región. Sin embargo, esta ventaja educativa no se ha traducido en una mayor independencia económica. De acuerdo con un análisis del Banco Mundial, los jóvenes actuales están más lejos de lograr su autonomía financiera comparados con sus padres.
A pesar de mejorar su escolaridad, cada vez menos jóvenes logran convertirse en jefes de hogar o formar una familia. Este fenómeno, que antes se consideraba cultural —con hijos quedándose más tiempo en casa— ahora se asocia a condiciones económicas como ingresos bajos y empleos inestables donde la educación no se retribuye adecuadamente.
El informe indica que, aunque los jóvenes de la región perciben ingresos entre un 5% y un 36% más que las generaciones anteriores a la misma edad, este aumento no les permite alcanzar un estilo de vida propio ni fundar sus hogares. Observándose que, aunque la pobreza entre los jóvenes ha disminuido, la habilidad de tener un hogar propio se ha visto afectada. Muchos empleos disponibles son informales o temporales, impidiendo la acumulación de patrimonio.
Además, una gran parte de los jóvenes carece de competencias matemáticas básicas, limitando así su potencial de ingresos futuros. La automatización y la inteligencia artificial han complicado el acceso a empleos estables, obligando a muchos jóvenes a comenzar sus carreras en condiciones difíciles. Existe también una población considerable de “ninis”, jóvenes que ni estudian ni trabajan, lo que exacerba la situación.
Los especialistas indican que el reto radica no solo en ampliar el acceso a la educación, sino en mejorar la calidad de esta y alinearla con las demandas del mercado laboral. Sin esta mejora, la región corre el riesgo de seguir formando jóvenes bien preparados en teoría, pero con escasas oportunidades prácticas.
Con información de Bloomberg en Línea.
DCN/Agencias