Durante gran parte del año, muchos esperaban que el dólar estuviese en la lona. Los pronósticos lo ubicaban en caída libre, mientras otros activos se llevaban las miradas. Sin embargo, la divisa estadounidense decidió tomar otro rumbo. Según un análisis de Bloomberg, el dólar cayó casi un 7% este año —su peor desempeño en ocho años— pero luego recuperó cerca de un 3% desde su mínimo en septiembre.
Este repunte no es casual. Inversionistas empezaron a pedir prestado en monedas de bajo rendimiento, como el yen japonés y el franco suizo, y destinaron esos fondos al dólar para aprovechar las diferencias de tasas. Esta estrategia, conocida como “carry trade”, ha demostrado ser efectiva para el billete verde.
Los temores globales —desde la desaceleración en Europa hasta la inestabilidad en economías emergentes— han llevado a los inversionistas hacia activos seguros. Aunque las criptomonedas han ganado terreno como "nuevas reservas de valor", la reciente volatilidad recordó al mercado que, en tiempos inciertos, el dólar sigue siendo el referente. Asimismo, activos relacionados con materias primas han sentido la presión, confirmando que el billete verde aún conserva un papel importante.
La incógnita es cuánto tiempo podrá mantenerse este impulso. Si la Reserva Federal retrasa la disminución de tasas o si el mercado global sigue mostrando debilidades, el dólar podría prolongar su racha positiva. Sin embargo, si el apetito por riesgo regresa, el flujo de capital podría revertirse. Por ahora, lo que parecía un ciclo débil se ha transformado en un recordatorio de que el dólar tiene la capacidad de regresar a la palestra cuando las condiciones son adversas.
Con información de Bloomberg en Línea.
DCN/Agencias