Politólogos… ¡Ahora o nunca!. Por Leandro Rodríguez

La política nunca deja de sorprender, aunque para muchos la historia se repite cíclicamente y los fenómenos políticos parecen una copia al carbón, para otros no, lo bueno puede mejorar, así como lo malo empeorar, por eso los desenlaces son particulares. Debemos agradecer a quienes la estudian, por cuanto nos rinden cuentas de sus causas y efectos; nadie mejor que los politólogos.

Su labor es encomiable desde fuera del protagonismo del poder, como estudiosos de él. Ahora ¿Se imaginan lo que éste profesional de la ciencia política pudiera hacer al estar investido de algún cargo de elección popular? Obviamente nuestra historia no ha estado exenta de esta realidad, en cuanto ha habido en Venezuela Politólogos como gobernantes, la curiosidad nos agobia al momento de preguntarnos ¿Cómo han sido sus gestiones?

La gerencia pública es un arte y una ciencia, por tal motivo es extremadamente complejo alcanzar niveles de éxito en sus movedizos feudos. El manejo del poder también es harto difícil. Maquiavelo (quien solo narró lo que vio y nunca mostró simpatía por ello) dio a la humanidad una idea de lo que significa la labor de gobernar, sin virtud como diría Aristóteles. Ahora bien, en los tiempos de hoy la carencia de esa virtud ha desencadenado gestiones desdichadas a los pueblos, aunado a una completa ineptitud y lamentable premeditación, como en el caso venezolano.

Un factor determinante a la hora de gerenciar destinos públicos es el contacto, el nexo entre la sociedad y sus gobernantes, es allí donde las gestiones nacen o se destruyen. No solo por estar estrictamente vinculado, sino por saber y entender sus señas. Muchas veces los diversos mecanismos de recolección de datos (encuestas, sondeos, etc.) son, erróneamente, los únicos parámetros que utilizan los gobernantes para afianzar sus políticas (los que las hacen), cuando todo esto es solo parte del asunto, pues la profundidad del análisis, la técnica, el olfato, la obviedad y su respectivo estudio son solo parte de lo que realmente se necesita, tras todo esto está la calidad o madurez de la política y sus controles respectivos.

Gobernar es una acción para aptos, a saber; lo cuantitativo, la legitimidad que lleva al poder es tan endeble como la pluma suelta de un ave. Lo cualitativo, comprensión de fortalezas y limitación de debilidades a través de conformación de equipos, sí es determinante. No hay que ser un erudito en todas las materias, para ser buen gerente hay que tener la conciencia necesaria, conciencia de individuo y colectiva, comprender el poder, la política pública, su control y evaluación. Un politólogo pues, resulta hoy una herramienta vital para la democracia, para la gobernabilidad, sobre todo en un país tan desdibujado como Venezuela.

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