Gustavo petro nuevo líder. Por Eneida Valerio

Gustavo Petro, tardó  en llegar directamente  al presidente venezolano para encontrarse como vecinos. La reapertura del puente internacional Simón Bolívar, para  restablecer el paso automotor  legal entre ambos países, sólo contó con su presencia  y de unos ministros incluyendo el embajador  en el nuestro, de un pésimo lenguaje para referirse a asuntos  considerados injerencistas  por las clases políticas y sociales de nuestro país.

Benedetti, el  triste y estentóreo embajador, le falta el aplomo  exigido y necesario para los menesteres que ejerce. Entendemos con su presencia como enviado, que nos da una bofetada con tal personaje y se cobra  viejos rencores entre ambos países.

La llegada de Petro a Caracas, para una entrevista sobre asuntos bilaterales, dejó la sensación que la  agenda política  estuvo oculta para anunciar la justificación de la misma, y desde entonces, el protagonismo del homólogo del presidente Maduro, ha  ocupado espacios importantes en el  mundo de la noticia internacional, pero no de la dimensión que hubiese deseado. La prensa de Europa ha  sido  dura para referirlo, le ha recordado su más oscura etapa como participante en los agónicos sufrimientos de las victimas del ELN, de manera particular, aquel asalto al Palacio de Justicia en Bogotá, donde el saldo de muertos superó las 80 víctimas.

El mandatario neogranadino, aprovecha nuestra situación para mejorar  la suya tan maltrecha mediáticamente  y erigirse en mentor  de la democracia liberal y gobernar democráticamente.

Habla de democracia liberal como las asumidas por él, Boric en Chile y Fernández en Argentina  y  se la recomienda  a Maduro. No nombró a Castillo de Perú en esta práctica, porque  a lo mejor coincide con la mayoría de los observadores, desde la complejidad del sombrero y el rostro inalterable de aquel gobernante andino, trasmisores estas características de un sinfín de ideas sin resolver.

Petro, fue a Francia a entrevistarse con el Presidente Macron, que le ha costado puntos de aceptación al mandatario galo. Tambièn concediò entrevistas  sobre tales tópicos y retó a EE.UU. a levantarle las sanciones  a Venezuela bajo los argumentos  de que esta decisión, avalarían unas elecciones  libres y creíbles.

No obstante, por  estos  días, su protagonismo es importante, en el tema Venezuela y sin dudas, su condición de líder ceñido a las fronteras de su país, creció internacionalmente  para asumir  posiciones de conciliador. Así, lava repetimos, la imagen oscura de su  pasado que no menciona, como es de esperarse.

Pretende  ser adalid de los derechos humanos, cuando propone la  presencia de  Venezuela, en las Comisión de los Derechos Humanos. ¡Cosas de estos políticos de izquierda!

El presidente de Colombia, opaca y desplaza las pretensiones  de López Obrador, el de México. El mismo, que cada día se encuentra con un grupo de periodistas para hablar  de cualquier  tema, sin descifrarles  las incógnitas de su régimen. López Obrador, es un buen depredador de derechos  humanos y se acusan a sus hijos  de corrupción en su  país. No  tiene  respuesta para estos asuntos

Su sonrisa enigmática envueltos en  ademanes  suaves, afloran como contradicciones políticas que miran con desdén su decadente protagonismo continental.

El presidente de Colombia no tardó  mucho en despojarlo de aquellos discursos amenazadores contra EE.UU. como aquella de  no asistir a la Cumbre de las Américas, si no se invitaban a los  regímenes de Venezuela, Cuba y  Nicaragua. No pasó de allí. Mandó a sus representantes como amenazó y el evento se cumplió tal la programación.

Lòpez Obrador, igual que Petro, es un fiel representante de la transición que  vive el mundo. Es un buen tributario a ese proceso que involuciona con serios desgastes.

Y mientras, el mandatario de Colombia, continua  dando lecciones de política  científica, su imagen ha caído  abruptamente a 9% en su país. El dólar  se ha  disparado a niveles insospechados acelerando la inflación y  su discurso, ha sido el mismo de los líderes de izquierda: buscar culpables  de situaciones, para justificar la doble moral con la que pretenden engañar.

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