La Iglesia polaca, ante una compleja patología de la pederastia en su seno

La Iglesia polaca sigue sin afrontar debidamente los casos de pederastia en su seno, afirma a Efe el escritor y abogado Artur Nowak, quien ha llevado adelante las denuncias de muchas víctimas en ese país, de población mayoritariamente católica, pero que empieza a apartarse de la religión.

«La forma en que la Iglesia católica polaca aborda el problema de la pederastia no ha cambiado nada. Gasta millones en litigios legales y se ha comprometido públicamente ante la sociedad, por reconocer su responsabilidad civil por la acción de los sacerdotes pedófilos» , argumenta este autor.

Nowak participó en 2019 en el documental «Tell No One», dirigido por el periodista de investigación Tomasz Sekielski, que reflejaba los testimonios de las víctimas de abusos sexuales por parte de los sacerdotes católicos en Polonia.

El documental, en el que el propio Nowak revelaba ser una de esas víctimas, provocó un amplio debate sobre la responsabilidad de la Iglesia en el asunto y sobre el problema del encubrimiento de los abusos.

Mes a mes salen a la luz nuevos casos de abusos por parte de sacerdotes católicos, recuerda el entrevistado. Sin embargo, la mayoría han prescrito para la justicia.

«Como muestran las investigaciones, las víctimas de la pederastia en la Iglesia tienen un problema especial para hablar de ello. Hay diferencias entre la agresión violenta y el abuso, que a menudo fue precedido por la preparación a través de la orientación espiritual», argumenta.

Según explicó, las víctimas incluso recibían de los perpetradores de esos abusos la atención y cuidados que no les daban en casa.

«En ocasiones se trata de un hogar acomodado, en el que el niño no recibía el amor de los padres. Pero lo más frecuente es que procedan de familias desestructuradas, con problemas de alcoholismo, violencia y una posición de fortaleza por parte del padre», prosigue.

El catolicismo conservador «excusa estas patologías, porque enseña que hay que perdonar, que el padre es el jefe de la familia, que hay que permanecer en una relación aunque sea tóxica, porque fue bendecida» – dijo Nowak.

El abogado subrayó que, según su experiencia, la Iglesia suele agotar todas las vías legales antes de ajustar las cuentas con las víctimas.

«Mantienen a las víctimas en la incertidumbre hasta el último momento. Tengo clientes a los que un tribunal ha reconocido derecho a fuertes indemnizaciones y que aún así deben esperar al último recurso legal sobre sus casos», lamenta Nowak.

La Iglesia católica polaca sigue manteniendo que indemnizar a las víctimas corresponde a la institución y no al sacerdote de forma individual, ya que le aplica la responsabilidad colectiva.

Nowak admitió que en los últimos dos años se ha producido un gran cambio en la forma en que los tribunales y los fiscales abordan los casos de abusos sexuales en la iglesia: «Entienden mejor que no son casos aislados, sino una patología que se produce en el seno de la Iglesia».

Nowak, que también es autor de algunos libros de no ficción y de ficción en los que escribe sobre las relaciones entre la sociedad y la Iglesia, reconoce al mismo tiempo que esta institución en Polonia lucha contra la crisis.

«Durante años, casi todos los polacos tenían un camino claro. La Iglesia estaba presente en todo momento, ya fuera en el bautismo, la comunión, la boda o la muerte. Todos se sentían obligados a transmitir esta fe a la siguiente generación. Funcionó perfectamente mientras los polacos estuvieron «esclavizados» porque en ese momento sólo teníamos Iglesia», sostiene Nowak, en alusión a los años bajo la dictadura comunista.

«Sin embargo, con la democracia resultó que la Iglesia no ha ofrecido más mensajes nuevos ni soluciones» – señaló Nowak, para quien en las últimas décadas la Iglesia ha fallado por no afrontar con claridad los temas que preocupan a los polacos.

En lugar de ello, la Iglesia se ha centrado en «la lucha contra los enemigos que supuestamente amenazan a Polonia», con fijaciones como «la ‘homosexualización’ de los niños, la ‘civilización de la muerte’, y la ‘Europa del mal'»

Para la generación más joven, la religión es mucho menos importante que para la generación anterior. Es uno de los países más «católicos» de Europa, según cifras recientes: un 92,9 % de la población es católica, aunque el porcentaje de quienes asisten a misa regularmente el domingo baja al 45 %. En el ámbito rural, el porcentaje se sitúa entre el 70 y el 80 %, mientras que en las ciudades baja al 30 o 40 %

La crisis es visible también en el número de vocaciones. El año pasado 356 seminaristas comenzaron su formación para ser sacerdotes, un 20 % menos que el año anterior.

Con información de Agencia EFE

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