Unidos revocamos la tragedia. Por Antonio Urdaneta Aguirre

Llegó el 21 de noviembre y al pueblo venezolano se le volvió a esfumar la esperanza más cercana. Se impuso la desorganización, la incoherencia, la desarticulación y la evidente complacencia o complicidad del liderazgo político supuestamente opositor. El régimen avanza sin mayores obstáculos hacia un atornillamiento impredecible en el tiempo. El futuro del país seguirá a merced de la creciente capacidad depredadora de la langosta roja. 

Es sumamente decepcionante que la clase política venezolana, también supuestamente democrática, haya desaprovechado la mejor oportunidad que ha tenido para derrotar humillantemente a quienes hundieron a Venezuela en la peor tragedia que registra la historia nacional. 

Pocas fueron las excepciones que quedaron en evidencia en la jornada electoral del 21 de noviembre, durante la cual buena parte del pueblo –quizás la menos afectada por la confusión y el desánimo– demostró que quiere y puede impulsar los cambios que reclama Venezuela. 

Sí, a pesar de la ausencia de una conducción política apropiada, los electores conscientes se empinaron más allá de los escollos que encontraron a su paso, y lograron escribir un mensaje bien claro al mundo político y a la sociedad civil en general, tan elocuente que podría servirle de punto de partida a los nuevos liderazgos políticos y sociales que aún permanecen en estado de latencia, pero que habrán de desarrollarse en los próximos tiempos. ¡Sí se puede!, dijo el pueblo.

Orgullosos y satisfechos debemos sentirnos de lo que hicimos frente a las máquinas de votación, puesto que nuestra responsabilidad y compromiso con el Zulia, coloca a esta entidad federal en una de las excepciones a las que será necesario mencionar y tomar en cuenta a la hora de los análisis ulteriores pertinentes. Aquí los electores se pronunciaron por el candidato que podía derrotar a quienes se ensañaron contra el Zulia. 

Es obvio que, como el Zulia, en las entidades regionales o municipales donde se lograron mejores niveles de unidad, la oposición se impuso. Fue así como las fórmulas democráticas obtuvieron 90 alcaldías más de las que tenían, varios centenares de concejales y una cuota significativa de legisladores regionales; entes institucionales de los cuales la oposición casi había desaparecido. Por otra parte, el total de votos logrados por todos los movimientos opositores superó holgadamente la cifra que, a pesar del grosero ventajismo denunciado incluso por observadores internacionales, obtuvieron los autores de la tragedia roja. ¡El pueblo fumigó con insecticida letal a la langosta colorada! El revocatorio luce como la alternativa más cercana para salir de la oscuridad que ensombrece a Venezuela, si toda la oposición se une y votamos masivamente.

 

Antonio Urdaneta Aguirre
urdaneta.antonio@gmail.com
@UrdanetaAguirre

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