Quiero ser optimista. Por Antonio Ledezma

Una cosa es el pesimismo ante las opciones que se plantean para seguir luchando y otra la racionalidad que debe asistirnos para tratar de ser exitosos en nuestro desempeño. Soy de los que piensan que andar todo el tiempo negándonos las posibilidades de salir de esta tragedia, sólo conduce a estar más hundidos en este abismo en el que nos mete la tiranía que Maduro se empeña en prolongar. Por eso no dejamos de estar dispuestos a cumplir cualquier tarea, por más simple que sea, en cualquiera de los ámbitos en dónde el destino nos ha colocado, dentro y fuera de Venezuela.

 

El pasado viernes -13 de agosto- seguimos el acto de instalación de la nueva mesa de diálogo que se instaló en México, que viene siendo como una continuación, retardada, del proceso de ese mismo orden que tuvo lugar en Barbados el año 2019. Como bien sabemos esa cumbre de Barbados fue aprovechada, hábilmente, por el régimen madurista para desmontar las gigantescas movilizaciones de centenares de miles de venezolanos que acompañaban a Juan Guaidó en ese momento, entonando su mantra del cese de la usurpación. De esa primera parte de Barbados, sólo quedó la amarga experiencia de la reincorporación de los diputados del PSUV al parlamento en el que después montaron la Operación Alacrán.

 

La racionalidad nos obliga a tener en cuenta que Maduro no ha cumplido ninguno de los acuerdos suscritos en anteriores negociaciones, por lo que me veo en la necesidad de refrescarle la memoria a los que me leen, evocando la carta pública que, a manera de serio reproche, le hiciera el Cardenal Parolín, después que en el Vaticano confirmaron que el dictador venezolano no honró los cuatro puntos acordados en el diálogo de octubre de 2016 celebrado en Caracas.

 

Como venezolano deseo, de todo corazón, que esta puesta en escena mexicana sea la excepción, pero lamentablemente no puedo dejar de analizar la realidad y las características del régimen que nos oprime en Venezuela, para concluir en que Maduro manda a sus emisarios con una agenda definida: 1. Ganar más tiempo, 2. Ahondar las diferencias entre los directivos de esa oposición, 3.Que  EEUU levante las sanciones aplicadas a las individualidades relacionadas con los más variados delitos, y 4. Que le validen sus instituciones, entre ellas el TSJ, para desviar el proceso que cursa en la Corte Penal Internacional. Creo firmemente que lo de las sanciones no le será fácil lograrlo y espero que nadie se atreverá a darle la bendición al parapeto tribunalicio que le sirve a Maduro para sostener su tinglado dictatorial. 

 

Se ha querido hacer ver que esta nueva ronda de diálogo es diferente «porque tenemos acompañamiento internacional y lo modera el Reino de Noruega». Sobre esto último no dejemos de tener presente, para el inventario y su correspondiente diagnóstico, que Noruega viene haciendo ese papel desde hace meses, como también lo hizo en el diálogo de La Habana entre el gobierno del ex presidente Juan Manuel Santos y los capos de la FARC. ¿Qué pasó? Que firmaron, en medio de un ruidoso y pomposo acto, un acuerdo de paz y, sin embargo, esos narcoguerrilleros siguen delinquiendo.

 

Maduro ha dicho, con su típico vocabulario socarrón, confrontacional y vulgar, que “va a México a dialogar con los representantes del imperio yanki”. Bueno, hay que responderle que los que dialogarán con Maduro deben tener claro que lo harán con narcos, terroristas, torturadores, asesinos, en fin, con criminales de lesa humanidad reconocidos como tales por La Corte Penal Internacional.

 

Cierro este análisis, luchando con esa verdad que no se puede esconder detrás de las cortinas de ese escenario azteca, trato de imponerme, aunque sea una dosis de optimismo, pero sin dejar de lado la lógica con que debemos seguir este diálogo número 15. Por eso es justo y necesario tener en cuenta que esos personajes que le sirven al dictador venezolano piensan y deciden tal cuál como lo que son: criminales de lesa humanidad. Por tal razón, lo que si aspiro es a que no se renuncie a los derechos que tenemos como pueblo víctima de agresiones que ameritan la protección de la comunidad internacional, y esa solidaridad efectiva no se circunscribe únicamente, como se ventila con no buena intención, «desembarcando Marines en una playa venezolana». El R2P y el TIAR tienen una variedad de opciones que junto a lo que ahora se tramita en la Corte Penal Internacional, representan unas oportunidades que no se pueden negociar en ninguna parte. Que no se repita la infamia del diálogo del año 2016 en el que entregamos la marcha programada a Miraflores, el juicio político a Maduro en la Asamblea Nacional, el referéndum revocatorio para el que se habían recolectado las firmas necesarias y la designación frustrada de los Rectores del CNE en una sesión convocada en diciembre de 2016. Todo eso se entregó a cambio de que Maduro continuara destruyendo a Venezuela. 

 

Antonio Ledezma

@alcaldeledezma

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