Hora de rectificaciones. Por Carlos Ismayel (@CYsmayel)

Aquí, en mi llano guariqueño, dice el refrán, “el que está picado de culebra, cuando ve bejuco se espanta», y tiembla de miedo. Eso revela que toda persona que ha experimentado una mala situación, teme que le ocurra otra vez. Pues bién cuando la gente escucha mentar el fulano diálogo “se espanta”, y tiembla de miedo porque lo menos que espera la ciudadanía, es que Maduro y su pandilla hablen claro y jueguen limpio. Y la verdad es que esa gente es maula y lo demás es cuento. No tienen escrúpulos para nada, menos para entablar acuerdos por el bien del país, porque para ellos lo que prevalecen son sus intereses personales y grupales. 

 

Llegaron al poder y se lo están gozando a sus anchas, mientras que Venezuela se va achicharrando en la paila del infierno en donde ellos siguen controlando el diabólico tenedor. Son los mismos estafadores del 2003, que dejaron entendiendo a los ex presidentes Cárter y Gaviria ante quienes juraron y perjuraron que “no le arrebatarían la señal a RCTV” y sabemos, al final de cuentas, lo trúhanes que fueron. Igual maroma le hicieron al Papa Francisco con el fulano diálogo del 2016. Lo dejaron «mirando pál cielo» y el cardenal Parolín se vio entonces obligado a darles un sermón público por esa temeraria jugarreta.

 

Los porrazos que nos hemos llevado duelen y esos dolores no deben ser en balde. Hay que sacarles algún provecho para evitar que nos frieguen una vez más. Y en eso Guaidó tiene una palabra que decir, él es una referencia importante para la comunidad internacional, más allá del declive que se comienza a sentir y para lo cual juegan en combinación los operadores del régimen como también los infiltrados de la oposición. Guaidó debe sacudirse y replantear su estrategia después que se desaprovechó ese colosal respaldo de 60 gobiernos del mundo. Si esto fuera un partido de futbol, seguro que escucharíamos a Lázaro Candal gritarle a Guaidó -¿qué hiciste papaito, qué hiciste?. 

 

Pero el juego debe continuar y tiene que ser con grandes ligas que estén en capacidad y en condiciones de meter los goles que la gente agolpada en las gradas esperan cantarle a la narcotiranía. Porque si Guaidó continua con el mismo manager y los mismos jugadores, entonces será el espíritu del “Musiú” Lacavalerie el que le dirá «botaste la bola» y “ese no va pál baile”.

 

Lo cierto y, lo que cuenta, es que está viva la dignidad de los venezolanos. Ese es un capital valioso y por demás fundamental para mantener viva esta cruzada por la libertad de Venezuela. La dirigencia está obligada moralmente a ser responsable y conformar un núcleo que sea capaz de imponerse en la tarea de liberar a Venezuela.

 

Dr. Carlos Ismayel 

@CYsmayel

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