REFLEXIONES| Día de la Raza, Día de la Hispanidad. Por Luis Acosta

El 12 de octubre se conmemora el Día de La Raza en todos los países latinos. En USA la fecha se conmemora, como Día de La Hispanidad, el tercer lunes de cada mes de octubre. Sea lo uno o lo otro, nosotros narramos estos hechos de esta manera. Una noche de un año que no logramos fijar, nosotros entramos a Génova, ciudad de Italia, como decían los libros primarios de nuestro tiempo. El Hno. Nectario María, con sus historias, nos hizo conocer de las travesuras de Cristóbal Colón quien había nacido en esa recordada y vivida ciudad del noroeste italiano, país lleno de historia y arte al cual, hace cerca de 80 años, no nos llevó Da Vinci, ni Michelangelo, sino Cristóbal Colón y su formidable hazaña. Todo, en tiempos de los dichos y no de los hechos. Cristóbal Colón se atrevió y hoy se sigue discutiendo sobre su performance.

No nos digan que las olas del mar de las Indias no eran duras y solitarias con pocos insumos que ofrecer y algunas armas rudimentarias para pescar y cazar. Pero esas partes no se conocían. Tampoco había llegado por todos esos contornos Fray Bartolomé de las Casas, misionero  español que vino luego y, en su tiempo, se incorporó de por vida al quehacer de misionero y procurador, aun cuando muchos lo tildaron de vagabundo. Pero lo cierto fue que había indígenas como habitantes. Tal vez no como Guaicaipuro pero sí, obedientes a una vida que ellos mismos desarrollaron tan dura que los convirtió en valientes y atrevidos. 

Colón no solo hizo los viajes que realizó. Los cuentacuentos de Génova noticiaban, en sus narraciones, que en su tercer viaje o aventura, llegó a lo que sería parte de Venezuela. Para mas detalles, los cuentacuentos de historias llegaron a la conclusión de que era razonable que se comentara que el nombre de Venezuela habría salido por el nombre de Vespucio o porque los bohíos encontrados les recordaba a la ciudad de Venecia. O, sencillamente, porque no aparecieron mas anécdotas o porque faltaron cuentacuentos. 

Mas, tenemos que respetar la historia que nosotros leímos. En efecto, Colón salió del Puerto Palos de Moguer y se enfiló por la primera vía que ya había transitado en su primera inquietud. Los libros que habría leído sobre los viajes de Marco Polo y la movilidad indígena, comprobada a través de los tiempos y que era parte de lo que más hacían, llevaron a Colón de un lugar a otro, como consecuencia.

No obstante, Colón llegó a tierra firme. Rodrigo de Triana se ocupó de visualizarla y gritar ¡tierra! Se cuenta que al llegar Colón y sus compañeros, fueron recibidos calurosamente por los indígenas y otros vecinos del lugar. Desde luego, llevaba cosas que regalar a los indígenas y también un plan para moverse. Así, los indios regalaban piezas de oro y otras cosas de valor que tenían, conformando un acto de negocios y trueques con miembros de otras tribus, no ajenos de que los bienes se podían intercambiar aun sin observar lo bueno o lo malo que les resultaría y, de pronto, porque el tiempo distinto por llegar les parecía siempre lejano. Por otro lado, si Colon tuvo que conseguir que los Reyes Católicos empeñaran sus joyas para financiar estos viajes, la cosa no era ni tan barata ni tan fácil. 

El resultado fue que, con Colón, se abrieron los caminos para entrar en lo que luego se convirtió en América. No fue fácil. Ha sido tan difícil, que se trataron de muchos años entre el paso de los indígenas y el paso de Colón. Así se acercó y nació nuestra querida tierra latina. De aquellos indios, vivos e inteligentes, nacieron los maracuchos; del cruce, varios franceses y, de pronto, los Robinson Crusoe. Pero también nació esa lista de latinos brillantes. Unos, cantantes como Felipe Pirela; otros, inventores y científicos como Fernández Moran, “el hombre de Pipe” y del bisturí de diamante. Pero sin duda, se incorporaron también los norteños, con Monroe y su “América para los americanos”. 

Al final, lo que fuera Colón es asunto para historiadores. La suerte de Venezuela también. Mas lo innegable es que Colón nació para abrir el mundo y así ha sido independientemente de que, ahora, tendremos que defenderla “a fuerza de amistad y mayor sabiduría y poder” o compartiendo negocios con los audaces de Mao Zedong, a pesar de que estos chinos los quieran desplazar.

 

Luis Acosta

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