Ámsterdam veta el alcohol en el Barrio Rojo en fin de semana por el virus

La ciudad de Ámsterdam se blinda contra las consecuencias del turismo masivo, en plenos rebrotes de coronavirus en Países Bajos, por lo que prohíbe durante los fines de semana la venta de alcohol en las tiendas del Barrio Rojo e impone el tráfico peatonal unidireccional en su centro histórico.

En un intento por mantener a los turistas a un metro de distancia en el centro de la ciudad, las reglas se aplicarán solo los viernes, sábados y domingos, al menos hasta el próximo 1 de septiembre, porque desde el inicio de la relajación de las medidas contra el coronavirus el flujo de visitantes es cada vez mayor.

Según el municipio, la venta de alcohol en los minisupermercados supone que los consumidores no cumplen las reglas, como mantener metro de distancia entre personas que no compartan hogar, por lo que desde este fin de semana su venta queda totalmente prohibida esos días en los locales del centro histórico, aunque estará permitida dentro de bares y restaurantes.

La alcaldesa de la ciudad, Femke Halsema, reconoció que “la razón del aumento (de contagios) que vemos está principalmente en la esfera privada, por personas que reciben amigos en casa sin mantener distancia”, pero, aunque los turistas no sean aún una gran fuente de contagios, cree que el riesgo sigue estando presente.

De momento, Halsema descarta tomar medidas más estrictas, como el confinamiento de la población o una prohibición de apertura de los “coffeeshops” (locales dónde se vende legalmente hachís o marihuana) y de trabajo para quienes se dedican a la prostitución en el Barrio Rojo.

“Los hechos aún no justifican medidas tan duras, que tendrían graves consecuencias económicas y nos hacen legalmente vulnerables”, justificó.

El fin de semana pasado, el ayuntamiento de la capital neerlandesa ya tuvo que intervenir en el Barrio Rojo y en la céntrica calle Kalverstraat debido a la gran presencia de viandantes, y limitó el tráfico a una única dirección.

Ahora ha decidido mantener esta medida el resto del verano, junto con la posibilidad de cerrar temporalmente calles y callejones si considera que están demasiado ocupados.

Ámsterdam también amplía el número de agentes en las áreas más populares de la ciudad, prohíbe la presencia de artistas callejeros en el centro hasta el 1 de septiembre porque atraen a grupos grandes, y ha puesto en marcha una campaña en redes sociales -en neerlandés, alemán e inglés- para pedir a los turistas que eviten las multitudes.

“Hacemos un llamamiento urgente a todos los que visiten la ciudad, para que tengan cuidado, eviten las multitudes y sigan las reglas contra el coronavirus. Solo juntos podemos evitar nuevos brotes y lo último que queremos es un nuevo confinamiento”, explicó la alcaldesa a la prensa.

¿MASCARILLAS?

El alcalde de Rotterdam, Ahmed Aboutaleb, junto con Halsema, han exigido al Gobierno central que prepare medidas adicionales en caso de que el número de contagios continúe subiendo porque la regla más importante, la distancia de metro y medio, “ya no tiene sentido para mucha gente y eso supone que hay que analizar qué es lo siguiente”.

Una de las exigencias es estudiar la viabilidad de imponer el uso de mascarillas más allá del transporte público, así como la cuarentena obligatoria, incluso después de someterse a una prueba PCR de coronavirus, porque el aislamiento domiciliario es ahora un “consejo” y su violación no supone la imposición de una multa u otro tipo de castigos penales.

En Países Bajos, el uso de mascarilla solo se exige dentro del transporte público (trenes, autobuses y tranvías), pero no es obligatorio en los espacios cerrados, ni siquiera en las estaciones a las que se acude para tomar ese transporte.

Las autoridades sanitarias entienden que las mascarillas crean una “falsa sensación de seguridad” que hace que los ciudadanos se olviden de mantener la distancia y de seguir otras medidas de higiene.

Sin embargo, este viernes, el Instituto de Salud Público (RIVM) cambió de opinión y consideró que las mascarillas podrían tener un “valor añadido”, en base a las conclusiones de una investigación internacional a la que han tenido acceso, que dice que “las personas mantienen una distancia incluso mayor” cuando usan la mascarilla.

“Las personas con una mascarilla bucal crean una necesidad de distancia con los demás. La gente ve una mascarilla y piensa: mascarilla, coronavirus, mejor me alejo”, explicó el RIVM.

De momento, no hay un cambio oficial de posición. El Gobierno holandés pidió este viernes una recomendación sobre esta cuestión al grupo de expertos que le ha asesora durante la pandemia, y, hasta entonces, limita la obligación al transporte público y defiende la medida central de su estrategia contra el virus: la distancia social.

La propagación del coronavirus aumentó esta semana, con 987 nuevos casos hasta este viernes, lo que supone casi el doble de la semana anterior, cuando se registraron 534 infecciones confirmadas, aunque el número de pacientes hospitalizados en cuidados intensivos aún sigue estando estable.

EFE

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