ENTÉRATE Y SÚMATE| Con el agua al cuello. Por Antonio Urdaneta (@UrdanetaAguirre)

Hablar de diálogo en Venezuela es como demonizar de antemano cualquier posibilidad de entendimiento entre partes. El régimen nazicomunista que rige la vida del país, que lo ha destruido todo, también se empeñó en banalizar el recurso democrático de la conversación, herramienta idónea para dirimir diferencias y desencuentros que son propios de la sana y constructiva dinámica política. El valor y la fuerza de los convenios consensuados adquieren mayor relevancia si surgen posiciones encontradas entre adversarios y dichas posiciones influyen negativamente en la solución de problemas que afectan gravemente a la colectividad.

Igual ocurre con el término negociación, cuando éste se menciona en función de acuerdos políticos. En seguida la gente, que ya ha sido condicionada con una prédica política equivocada y descalificadora, asocia la palabra con los negocios que se dan en el campo comercial. La comparación carece de sentido; pero la conducta que se conoce con respecto a determinados personeros del régimen y personas particulares que fungen como testaferros, activa la imaginación de los enemigos de la política y de la democracia, para satanizar a quienes hablen sobre la necesidad de que la solución de la grave crisis venezolana, que ya es considerada como una tragedia, sólo será posible si se produce una “negociación política entre el gobierno, la oposición y las organizaciones de la sociedad civil”. De esta aspiración ciudadana se ha hablado muchas veces.

De modo que utilizar el diálogo en procura de materializar los acuerdos que se requieren, para que el país regrese a su normalidad democrática e institucional, luce hoy como un enjambre de abejas africanas que nadie se atreve a tocar. Hasta hace poco la catástrofe sólo afectaba, en mayor proporción, a la clase social más desprovista de bienes materiales y más manipuladas por el poder político populista.

Parece que llegó el momento en que los tentáculos de la tragedia amenazas con atenazar el cuello de quienes se creían inmunes a la pandemia nazicomunista, cuyo epicentro es Venezuela. Esta clase, que nunca se percató de la magnitud de la desgracia, de pronto se vio en medio del naufragio y, por supuesto, lo lógico es que trate de salvarse a cualquier precio. Se supone que muchos estarán pensando seriamente en un nuevo timonel, con una mejor tripulación, que logre reflotar la nave. Si esto es así, es probable que las palabras diálogo, entendimiento, negociación y acuerdo recuperen su valor original. Sólo un gobierno plural, de amplia participación, integrado por hombres y mujeres honestos y de reconocida idoneidad para gobernar, podrá detener las consecuencias del trágico episodio que padece Venezuela.

 

Antonio Urdaneta Aguirre / urdaneta.antonio@gmail.com / @UrdanetaAguirre

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