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La muerte de Madero. Por Jesús Rangel Rachadell (@rangelrachadell)

A los que les gusta el tema de las transiciones políticas les traigo un acontecimiento latinoamericano de golpes de Estado, renuncias, traiciones, muertes, nuevos gobiernos y otras dimisiones. Es el caso de la revolución mexicana, que buscó reivindicaciones para los agricultores y los trabajadores, en el contexto de la guerra civil y militar.

En México, por allá a principios del siglo XX, Francisco Ignacio Madero se levantó contra el dictador Porfirio Díaz, quien ejerció el poder durante 34 años, y lo obligó a renunciar. Una de las nuevas ideas políticas fue el antirreeleccionismo bajo el lema “Sufragio Efectivo, No Reelección”, elecciones libres y que el pueblo decida.

El voto libre llevó a Madero a la presidencia, previa negociación con la finalidad de que el dictador renunciara ante el fraudulento Congreso, trámite aceptado para mantener un mínimo de institucionalidad, con una transición de cinco meses. Esta solución no fue aceptada por otros jefes militares que querían destruir al ejército de Díaz y fue el germen de levantamientos y traiciones. Expuso que el peor mal de su país es el militarismo que terminaba costando más que lo que iba a resolver.

Madero y los no reeleccionistas no destruyeron al ejército de Porfirio Díaz, tampoco sustituyeron a sus máximos jerarcas y estos se levantaron en contra del presidente electo. Esto me recuerda al interregno de Carmona, ni la Casa Militar la reemplazaron en las pocas horas que presuntamente gobernó en 2002.

Uno de los oficiales del ejército federal de Díaz, Victoriano Huerta “el indio”, luego de ocupar puestos importantes en la administración de Madero, se levantó contra este acompañado del sobrino de Porfirio y otros militares. Huerta dio un golpe de Estado, suprimió al Congreso, al igual que en la práctica hace el gobierno en Venezuela. Mantuvo preso al presidente Madero y a su vicepresidente José María Pino Suárez, a quienes los había obligado a renunciar a sus cargos, y a continuación los fusiló, como también hacen por aquí con los opositores. No olviden a Fernando Albán.

La administración del presidente americano Thomas Woodrow Wilson cambió de opinión y se desmarcó del dictador Huerta, convocó a una Conferencia de Paz en Niágara Falls, Canadá, de representantes de Argentina, Brasil y Chile con el objetivo de evitar el conflicto con México, y resolver el trance de este país. La mediación no llegó a nada, entre otras razones, porque el ejército de Venustiano Carranza estaba a punto de derrocar al gobierno de Huerta.

Para Huerta era inadmisible renunciar e irse de México, no importaba que tan cerca estuvieran las fuerzas de Carranza, pero esa fue una de las tantas propuestas de los mediadores, algunas difíciles de aceptar. Con el retiro del poder se solucionaba la crisis, solo que ninguna de las partes quiso ceder. El dictador aspiraba a participar en las elecciones que legitimaran el cambio de gobernante y extender lo más posible su mandato.

Carranza no podía aceptar que las condiciones de la rendición de Huerta fueran consecuencia de una negociación en el extranjero, como si su liderazgo dependiera de lo que decidiera Wilson con los demás países latinoamericanos. No había otra opción que entrar en ciudad de México con sus fuerzas y deponer al dictador. Huerta renunció ante el Congreso y presto huyó al exilio al igual que sus ministros y altos funcionarios.

Una vez tomado el poder, los revolucionarios mexicanos presentaban un dilema, convocar a elecciones o iniciar las transformaciones sociales. No confiaban en el resultado de los comicios, fue un riesgo que no quisieron tomar. Venció la propuesta de elaborar las reformas y luego las votaciones. Los cambios implicaban reformar la Constitución, solo que tampoco estaba asegurada la mayoría en el Congreso. La coyuntura se resolvió limitando la participación de los exfuncionarios del gobierno de Huerta y otros. Demás está decir que unos años después a Venustiano también lo asesinaron por pretender llevar a un civil a la presidencia.

¿Se imaginan una inhabilitación general a todos los funcionarios del gobierno de Chávez y Maduro, incluidos magistrados, jueces, fiscales y demás cómplices de la destrucción de Venezuela? Esto sería una discriminación por razones políticas. Mientras tanto, renunciar es una buena opción para evitar sustos en el futuro.

La justificación para todos esos golpes de Estado, como dijeron los revolucionarios franceses en su Declaración de Derechos del hombre y del ciudadano, fue: …la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos del hombre son las únicas causas de los males públicos y de la corrupción de los gobiernos…

La conclusión a la que llego, después de revisar esta historia, es que ambicionar mantenerse en el poder a todo trance es dañino para la salud.

Jesús Rangel Rachadell / @rangelrachadell

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