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REFLEXIONES| Jesucristo SuperEstrella. Por Luis Acosta

Esta obra, con sello ARIOLIES 1975, de Camilo Sesto, con arreglo de Teddy Bautista quien además fungió de Judas Iscariote y Ángela Carrasco como María Magdalena, fue llevada al Teatro Alcalá Palace de Madrid el 6 de noviembre del año 1975 a un costo de 12 millones de pesetas. Con música original de Andrew Lloyd Webber. En efecto, se vendieron 100 millones de copias y se levantó con interpretaciones libres de los evangelios referidos específicamente a los últimos siete días de vida de Jesús. La Resurrección no fue incluida. El extraordinario artista español, recientemente fallecido, Camilo Sesto hizo de Jesucristo. Esta versión de Camilo fue catalogada como la mejor lograda, después del Jesucristo Súper Estrella de Broadway que inicio cartelera cuatro años antes en octubre de 1971.

Desde luego, el aplauso mundial no se hizo esperar, y los cien millones de copias colocadas en el mercado, aseguraron que la aceptación llegara al primer orden en España, por su rendimiento y sus resultados económicos sobresalientes.

Sin embargo, nosotros tuvimos la sortaria suerte de ir al teatro a ver Jesucristo Superestrella en New York. Así nos tocó estar presentes en la versión norteña con letra de Tim Rice y música de Andrew Webber del cartel original, como dijimos, del año 1971. Entonces, fuimos a verla en una de las vacaciones parciales en las que pasamos por New York, aprovechando una invitación de la National Cash Register.

Santo Cielos! No fuimos alborotados pero sí entusiasmados por ver la obra. No somos críticos de cine ni de teatro, pero la obra y el trabajo de estos intérpretes fueron de exaltante categoría y gusto. La música aplicada, tan sublime y de elevada expresión, que varios meses dormimos sonando con ella oyendo con constancia aquellas melodías llenas de candor e historia. Así mismo, no olvidamos el teatro lleno de asistencia, aquel silencio profundos y el gusto en la decoración, así como los colores purpuras y dorados diseñados en virtuosas proporciones y severas referencias, respeto y poesía.

Después de todo esto, se trataba de la vida de Jesucristo y su pasión pero para nosotros que vamos a misa mas no seguimos, como se debe, la vida de este hombre único que sí vale la pena vivir la vida a su lado siguiendo su doctrina. Vivíamos sus pasajes y analizábamos sus propios pasos con fervor y reflexión pero sin poder hacer nada tal su despojo tan solo meditar sobre la vida de este hombre virtuoso, inmenso en el esplendor y subyugante en su vida terrenal como relampagueante en fortaleza capaz de defenderse ante el Poncio Pilatos, poderoso pero triste, bobalicón pero pícaro, que no quería aparecer por cobardía complicado en la decisión de qué hacer con Jesús, al que si quería castigar, lavándose las manos finalmente. De sí, su propia obra lo delataba: ¡por sus propias obras los conoceréis! Había dicho Jesús.

Así pues, el Padre Celestial había concluido que la única forma de que el pueblo entendiera y creyera su misión y lo que hacía allí, era presentándose como el hombre del pueblo de donde venía y a qué venía y lo que podía realizar y resolver con su voluntad celestial promovido y apoyado en el Misterio de la Santísima Trinidad mediante el cual, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son dioses pero convertidos en un solo Dios. “Mi Padre me ha enviado”. “No soy yo quien ordena”. “Yo no soy de este mundo”. “Quien manda está allá arriba”.

Así, mientras uno estaba en el cielo, otro anda en la tierra y el tercero en todas partes y lugares.

De suerte pues, que aquella obra teatral iba calando en el cuerpo espiritual del presente y en todo otro que estaba allí. Su frágil presencia espiritual, su débil pero agradable y sobria voz, sus palabras proféticas de expresiones y valores providenciales escenificados; mas su generosidad viva y contundente ante la vida del hombre de poca fe, María se une a su hijo: -Traigan agua en las tinajas para vino- ordenó su madre. El, Cristo, obediente al pedido de ella, convirtió el agua en vino y las Bodas de Canaán, donde habían sido invitados, pudieron continuar su fiesta cuando el vino se había acabado.

Mientras las sinfonías del concierto insinuaban la presencia del Cristo Celestial, las trompetas del éxito solfeaban por todo Nazaret por la vida viva de Jesús. Pues bien, así fue el principio de una cartelera que empezó en Broadway, New York en 1971, continúo en España en 1975 y que llego a Caracas en 1985, es decir, 14 años después.

Por cierto, cada momento de esta obra recordamos que en el año de 1975, exactamente el 22 de octubre,  días antes de se graduaba de ingeniero electricista nuestro hijo mayor Robert Alexander Acosta Carrillo, por suerte el primer graduando de la Universidad Metropolitana en la primera promoción, la cual manejaba como Rector el ingeniero Blas Lamberti. Don Eugenio Mendoza era el Presidente fundador de la Universidad, Luis Manuel Peñalver, Rector fundador de la Universidad, fungía como Ministro de Educación siendo Presidente de la República el Sr. Carlos Andrés Pérez.

 

Luis Acosta

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