De un aleccionador desenlace de la crisis, por ejemplo. Por Luis Barragán (@LuisBarraganJ)

La última entrega de la revista especializada  Tiempo y Espacio, reúne un conjunto de trabajos,  debidamente arbitrados, bajo un título harto elocuente: “Avatares de la democracia 1958-2018″ (https://es.calameo.com/books/0048760919b1edbb7be35), próximo a ser colgado en el portal correspondiente al concluir el receso académico (http://revistas.upel.edu.ve/index.php/tiempo_y_espacio). De indispensable consulta, distintos autores de afilado bisturí, hurgan en las intimidades de unas décadas ya desconocidas, por obra de la intensa y falsificadora campaña propagandística y publicitaria del actual régimen que incluye  los intereses de sectores que se le oponen o dicen oponérsele.

 

Desde múltiples ángulos, nos permiten reconstruir una perspectiva del presente diluido y, aunque la materia es enteramente histórica, resulta inevitable la mirada al XXI, un siglo que se supuso prometedor al abrir sus puertas. Quienes tienen por vocación y oficio el pensamiento sistemático, a contracorriente, realizan un responsable y sobrio aporte a la necesarísima polémica pública que no ha de tardar en asimilarlo, manifestarlo y mejorarlo, dejando atrás los esquemas convencionales evidentemente agotados.

 

Desde la caída de la dictadura militar de Pérez Jiménez hasta la instauración de la otra que marca la actual centuria, quizá para muchos inadvertida por la perversa modalidad de su ascenso, hubo y hay situaciones, posiciones, resultados e interrogantes pendientes. Buena parte de los trabajos, responden o intentan responder, teniendo por mérito indiscutible una novedosa aproximación: nota postrera, la década militar, en Domingo Irwin; la intromisión soviética de acuerdo a un alto funcionario del perezjimenato defenestrado, en José Alberto Olivar; la dramaturgia anti-dictatorial, en William Anseume; el populismo persistente, en Leonardo Favio Osorio; la antipolítica,  en Luis Alberto Buttó; una panorámica del uso de la renta, en Liliana Velásquez G.; las orientaciones uslaristas, en David Ruíz Chataing; el reformismo democrático, en Richard López; la política y la  literatura, en Rosmar Brito Márquez y María Susana Harringhton; la ciudadanía, en Antenor Viáfara; y, estudio aparte, la edición nos obsequia con una sugestiva curiosidad, como es la del béisbol y el control social en tiempos del lopecismo, en Gloria Rebeca Mota.

 

Inelegante mención, contribuimos con un modesto texto sobre  los dos alzamientos militares  del 1º de enero de 1958 y el carácter sorpresivo que alcanzaron o dijeron alcanzar. Una de sus conclusiones, nos remite al 23 de enero como la materialización de un desenlace, entre varios de los que fueron posibles, aunque ninguna de las circunstancias – exhaustas –  apuntó a un diálogo o negociación entre gobierno y oposición, aleccionándonos.

 

Vicisitudes, corrientes y actores políticos de entonces, ahora francamente ignorados por las más recientes generaciones, añadiendo a no pocos de las intermedias, nos imponen de un liderazgo político superior al  actual. Siendo ésta nuestra convicción, quizá estamos viviendo la emergencia de otro definitivamente innovador, capaz de superar la llamada antipolítica que aún nos consume.

 

DC / Luis Barragán / Diputado de la AN / @LuisBarraganJ

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