Freud y El Principito, por Eugenio Montoro 

A veces los temas complejos sobre leyes y reglamentos se entienden mejor con aproximaciones sencillas en otras áreas. Van dos intentos.

En reciente entrevista a la rectora del CNE, Socorro Hernández, dijo que “Maduro es como un padre para la Nación”. Sigmund Freud, famoso por sus especulaciones sobre la mente inconsciente decía que ella comanda muchas de nuestras acciones. Ciertamente a la rectora “la traicionó” el inconsciente al decir tamaña burrada, pero el gazapo es importante pues revela la imagen a la que le rezan de hinojos las cuatro fantásticas del CNE.

Eso explicaría los complicadísimos y largos pasos que se requerían para hacer un referéndum porque a papi no le gustaba y lo pronto que sale una constituyente porque papi les pidió apurarse.

De manera que con esta relación de dependencia proxeneta, se desvirtúa toda la concepción democrática en la que el presidente de la república es solo un empleado público temporal y su jefe son los ciudadanos. Aunque parezca absurdo, todo esto le sienta bien al proyecto que se pretende implantar en Venezuela pues a “papá” nadie le contesta feo, no se le discute, todos le obedecen y su mandato es vitalicio, tal y como lo demanda una tiranía comunista.

En uno de los capítulos del cuento “El Principito”, este llega a un planeta donde vive un hombre vestido de rey con todo y corona. El principito le pregunta quién es y el tipo le responde que él es el rey de las estrellas. ¿Y ellas le obedecen? Dice curioso el niño. Por supuesto, contesta el rey, todas me obedecen y no tolero la indisciplina. ¿Y podría su majestad hacerme un atardecer ahora? . La autoridad, respondió el rey, siempre debe apoyarse en la razón. Si por ejemplo ordenas al pueblo que se tire al mar no te harán caso. Por eso puedo exigir obediencia, porque mis órdenes son razonables.

Liando los dos cuentos anteriores se obtiene, por un lado, a un individuo que busca ser obedecido en todo y sin límite de tiempo y, por el otro, al loco de carretera que desconoce las reglas y hace solo lo que le conviene a él y a su grupo.

En una democracia las órdenes razonables son las que se basan en la Constitución. A los venezolanos se nos trata de ordenar cosas que están fuera de lo razonable y al igual que las estrellas del cuento estamos en nuestro derecho a no respetar esas decisiones y revelarnos.

Entender la situación de Venezuela asociada al hambre, al alto costo de la vida, a la escasez de casi todo y a la inseguridad es fácil porque las sufrimos día a día.

Pero al mismo tiempo está la amenaza de establecer un régimen totalitario y comunista que además de mantener todos los problemas que anteriores, nos quitaría la libertad y la democracia.

Por cualquiera de las razones anteriores, por sí solas, se justifica la lucha para salir de estos malandros y en Venezuela las tenemos las dos juntas.

No hay duda que superaremos esto. La libertad no ofrece dudas sobre cuál es el camino correcto y la decisión de rebelión ciudadana ya está tomada.

 

 DC / Eugenio Montoro / montoroe@yahoo.es

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