Reflexiones de Claudio Nazoa para recordar: “Éramos felices pero no lo sabíamos”

Claudio Nazoa entre líneas en un artículo de opinión publicado en el 2013, inicialmente relata lo que fue su felicidad durante la infancia, a pesar de tener una vida de aprietos económicos graves, con un padre perseguido político y exiliado en Bolivia durante tres años, recordando como la vida con el pasar de los años le fue enseñando que siempre fue feliz. Este texto que parece con el tiempo no perder vigencia relata la realidad del pueblo venezolano y se resume en una simple frase, “éramos felices pero no lo sabíamos”.

El reconocido humorista venezolano, afirma que nunca fue adeco, ni copeyano, pero recuerda que en su casa siempre había papel tualé, harina PAN, pollo, etc. “No me gustaban esos gobiernos por muchas razones, pero sin darme cuenta era feliz cada vez que iba al baño, le ponía azúcar al café, me comía una arepa o un pollo. Nunca hice colas humillantes para comprar nada, y, ojo, tampoco tuve dinero en exceso”. Su familia era pobre y luego se mantenía con un sueldo como profesor.

Antes recuerda, “si uno quería ir a Margarita o a Mérida, se acercaba a una agencia de viajes, y compraba su pasaje y… no me lo van a creer: ¡siempre había! Existían ferrys que flotaban”. Además en esa época no había exclusión política, puesto que a pesar de que se tilda de ser comunista estudiaba y aun así conseguía empleo con adecos y copeyanos.

Y entre frase y frase estas continúan siendo sus anécdotas:

Los artistas podíamos presentarnos en cualquier teatro y nadie nos censuraba. En la época de los adecos y los copeyanos se inauguraron maravillosas autopistas y los mejores hospitales que se han construido en Venezuela; se construyó el Teatro Teresa Carreño, el Poliedro…

En diciembre, Rafael Salazar, Pedro León Zapata, Cecilia Todd, Laureano Márquez, los Robertos (Montoya y Hernández), Aníbal Nazoa, Iván Pérez Rossi y este servidor, entre otros, éramos pregoneros de la Navidad de los gobiernos adecos y copeyanos. Momento que siempre aprovechábamos para criticarlos y caricaturizarlos. Los adecos y los copeyanos asistían a nuestros actos, nos aplaudían, y después, sin ponerse bravos o pasarnos facturas, amenazas y multas, nos pagaban y nos seguían contratando.

Muchos de los artistas izquierdistas, hoy convertidos en talibanes exclusionistas, reaccionarios y sapos, enviaron con los adecos y copeyanos a sus hijos para que estudiaran en otros países y nadie preguntaba qué tendencia política tenían.

En esa época de gobiernos adecos y copeyanos a nadie se le ocurrió inventar un Ministerio para la Felicidad.

DC | Con información de EN

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