Vindicación del parlamento. Por Luis Barragán (@LuisBarraganL)

Ha culminado el primer periodo de sesiones del año, cuyo balance lleva el sello de la resistencia frente a la dictadura, con los bemoles consabidos. La Asamblea Nacional se encuentra en una encrucijada de extraordinarias y definitorias consecuencias históricas, como jamás vivió y propició parlamento alguno después de 1811.

 

Demolida la institución en el presente siglo, en los extremos de su caricaturización,  ahora parece insurgir con los bríos de una reivindicación por siempre planteada, aunque no esperada. Al respecto, el régimen socialista patológicamente lo ha concebido y empleado como la insólita sucursal del Palacio de Miraflores, claro está, mientras lo controle.

 

A partir de 1999, el Congreso recibió todas las embestidas posibles de Chávez Frías, quien tuvo que resignarse por varios meses para su definitiva clausura.  Reforzó la campaña de desprestigio de la institución, aunque la fórmula propuesta – el parlamento unicameral – ni siquiera se acerca al desempeño y la vivacidad que caracterizó al antiguo bicameralismo, aún con sus fallas.

 

No se entiende el parlamento democrático, una muy necesaria redundancia, sin una plena independencia,  las insustituibles libertades y el indispensable pluralismo que lo definen, explican y le dan pertinencia.  El llamado Estado Comunal y la interesada noción de poder popular que ha propagandizado la dictadura socialista, son incompatibles, incluso, con idea misma de una división de los órganos del Poder Público.

 

Inimaginable veinte largos años atrás, cuando la institución parlamentaria fue tan injustamente enlodada, hoy se ofrece como el dispositivo indispensable para la edificación del consenso y de la transición, aunque haya quienes todavía no lo comprendan y acepten al pretender monopolizar la conducción de la Asamblea Nacional misma.  La reconstrucción del país y de la propia República así lo exige, auspiciando voces que proponen la reposición del Senado, por ejemplo, sin complejos, en contraste con los tiempos en los que fue todo un anatema.

 

Luis Barragán / @LuisBarraganL

 

 

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