Sergio García conquista su primer cetro en un major en el Master de Augusta

Sergio García demostró finalmente las virtudes necesarias para ganar un major. Y como evidencia de ello, podrá colgar en su armario un saco verde.

El español necesitó desplegar su mejor golf casi en cada golpe durante la última hora, y se sobrepuso a una desventaja de dos impactos con seis hoyos por disputar. Terminó superando a Justin Rose en un hoyo de desempate, y se coronó el domingo en el Masters de Augusta, su primer cetro en un major tras casi dos décadas de desazón.

«Ha sido una semana asombrosa», expresó García. «Y voy a disfrutarla por el resto de mi vida».

Ningún golfista en la historia había jugado más majors como profesional -70- antes de ganar uno por primera vez.

García exorcizó los demonios y disipó las dudas con dos grandes momentos en los hoyos de par 5. Uno lo rescató en par y en otro consiguió un eagle.

Cerró con una tarjeta de 69 golpes, tres debajo del par.

Pero las cosas no se pusieron fáciles para «El Niño» sino hasta que Rose envió su «drive» a los árboles en el desempate, disputado en el 18. El británico no pudo rescatar par a unos tres metros (15 pies).

«Justin no me ha facilitado las cosas. Ha jugado extremadamente bien», comentó García. «Pero yo sabía que era capaz de hacerlo, creía que podía lograrlo».

García, de 37 años, tuvo así dos putts a 12 pies (3,6 metros) para buscar la victoria. Acertó en el primero para birdie, se colocó de cuclillas, con un gesto de incredulidad, y gritó tan fuerte que su voz alcanzó a distinguirse en medio de la ovación que emitió el público.

Rose, quien cerró también con 69, lo abrazó y le dio un par de palmadas: una en la mejilla y otra en el pecho, justo encima del corazón de García, que resultó mucho más grande de lo que esperaban muchos en esta última jornada.

«¡Sergio, Sergio!», comenzó a corear el público, lo que derivó en que echara a llorar el golfista de Borriol, un poblado de la Comunidad Valenciana.

García lanzó un beso al público y se agachó de nuevo para propinar un puñetazo al césped.

Es el tercer español que se ciñe el saco verde. Curiosamente, triunfó en el día en que el fallecido Seve Ballesteros hubiera festejado su 60mo cumpleaños.

Y fue José María Olazábal, ganador del Masters en 1994 y 1999, quien le envió a García un mensaje en la víspera del comienzo de este certamen.

Le pidió creer y «no permitir que otras cosas influyeran, como había ocurrido en el pasado».

García hizo caso. No se vino abajo tras fallar un putt de menos de dos metros (seis pies) en el hoyo 16, ni luego de errar otro de metro y medio (cinco pies) en el 18, lo que hizo necesario el desempate.

Mantuvo la frente en alto y peleó hasta el final.

«Si hay alguien ante el que un golfista quisiera perder, es Sergio. Se merece esto», comentó Rose. «Ya se había llevado suficientes decepciones».

Por un momento, pareció que sufriría otra, particularmente tras permitir que una ventaja de tres golpes desapareciera con tres birdies seguidos de Rose en el cierre de los primeros nueve hoyos.

Empatados de cara a los últimos nueve, García se rezagó inmediatamente a dos impactos, con dos tiros que dejaron la pelota al pie de los árboles.

Rose estuvo en posibilidades de definir en el 13, par cinco, cuando el tiro de García se perdió en un arbusto. Se le penalizó con un golpe para salir de ahí, y dejó su tercer tiro a unos 89 metros del green.

Rose tenía la oportunidad de ampliar su delantera a cuatro golpes.

Y todos pensaron que el final estaba cerca. El propio García había dicho en un momento de autocompasión, que no tenía lo necesario para ganar un major. En cuatro ocasiones quedó segundo. Era su tercera vez jugando en el grupo final.

Pero de pronto, la suerte comenzó a sonreírle.

Usó el wedge y salvó el par. Rose falló el putt para birdie.

La diferencia permaneció en dos golpes pero no por mucho tiempo, García se anotó un birdie en el 14 y un eagle en el 15.

En el 18, Rose desaprovechó su oportunidad. García, con la posibilidad de resolver, falló un putt de metro y medio (cinco pies), con lo que hubiera obtenido un birdie.

Se hizo necesario el desempate. Ambos golfistas volvieron a jugar el 18, y Rose se metió en problemas con su tiro de salida. Debió ingeniárselas para enviar la pelota hacia el green desde detrás de una magnolia gigantesca.

Falló un putt de unos cuatro metros (14 pies) que le hubiera permitido salvar el par y ejercer algo de presión del español.

No importó al final, pues García atinó y cambió un destino al que él mismo se había resignado hace poco.

«Si por cualquier motivo esto no hubiese ocurrido, mi vida seguiría adelante, no habría sido un desastre», aseguró García.

«Pero ocurrió», añadió sonriente.

DC|AP

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