Esclarecedora carta de una venezolana: «Hay más colas para comprar barato que protestas»

“Es una dictadura financiera la que vivimos, es un golpe industrial que sostenidamente no produce suficiente porque no quiere”, dice Jacquelyn Jiménez, educadora venezolana de las “Hermanas del Sagrado Corazón”, en esta carta que relata de forma testimonial la situación que se vive en este país latinoamericano. La carta fue publicada en mayo y la mostramos íntegramente a continuación.

«OTRA MIRADA»

Por Jacquelin Jiménez

«No hacen falta alas para hacer un sueño,

basta con las manos, basta con el pecho,

basta con las piernas y con el empeño.»

Canción de Silvio Rodríguez

«En los últimos días, varias compañeras y compañeros latinoamericanos me han llamado para enterarse de nuestra situación, preocupados por las informaciones que les llegan sobre la falta de alimentos en el país. Hasta la coordinación general de esta pequeña Sociedad internacional a la que pertenezco nos hizo una llamada telefónica desde Roma. ¡Señal de que las noticias deben ser alarmantes! Por esas razones hago un relato general que diga desde mí, desde nuestros colectivos de trabajo, de militancia, reflexiones y amores, cuál es nuestra situación.

Confirmamos la falta de algunos insumos regulares que se convierten cotidianamente en la base de nuestra alimentación. Es decir, escasea el arroz, se complica conseguir un litro de aceite, la pasta aparece con mayor regularidad; y el azúcar ya olvidé cuándo fue la última vez que la compré en una tienda, pero en nuestra casa no ha faltado nunca. Haga usted un ejercicio de imaginación de cómo se puede tener un insumo- innecesario para la salud pero básico en algunos alimentos- con una red de relaciones cercanas o lejanas, o con dinero circulante…

Falta harina de maíz en las tiendas pero no ha disminuido la venta de arepas y empanadas en las calles. Falta en las tiendas la harina de trigo, por lo que falta el pan en las panaderías pero ninguna Panadería de nuestros barrios ha cerrado ni ha dejado de vender pan dulce, tortas y galletitas a muy altos precios, porque el pan que falta es el pan salado que está regulado a 50 bolívares y cuando se consigue está en 150, 200 o 350bs. ¿Y la regulación de precios? ¡Es que no hay harina de trigo!

Sin embargo, no faltan vegetales en todo su esplendor y variedad, ni falta ningún tipo de proteínas en sus distintas versiones de aves, carnes, y pescados a un precio diez veces mayor a lo que se podía comprar hace un año. Lo mismo pasa con el fresco queso, el jamón y demás variedades de embutidos que no han faltado nunca, claro a MUY altos costos…. ¿Y la regulación de precios? Fallo gubernamental o imposibilidad de sancionar porque quien hizo la ley, hizo la trampa.

Están desaparecidas las medicinas esenciales para mantener cualquier tratamiento regular de presión, circulación o cancerígeno.

Es mucho lo que se tiene que preguntar, negociar o buscar para lograr cualquier medicina esencial.

Los insumos de limpieza casera o aseo personal se han encarecido el mil por ciento en comparación al año pasado. Y el adorable café impagable si se consigue. 250g contrabandeado en 800bs, casi dos dólares a precio oficial, o menos de un dólar en el mercado paralelo. ¿Cuánto cuestan 250g de café en cualquier parte del mundo?

La leche en polvo está desaparecida y la leche líquida o alguna versión parecida aparecen al costo de 500bs, cuando hace un año no pasaba de 25bs. Un dólar a precio oficial hace un año era 10bs, hoy 420. Y la venta paralela que eleva nuestros niveles de costo de cualquier producto es de 1000bs. Para intuir la complejidad de lo que pasa en este gran país nuestro, hay que saber esos mínimos datos de mercado.

El sistema financiero ha buscado todas las formas de saltarse el control cambiario de divisas que hemos tenido por 15 años, y el control de precios de alimentos básicos. La industria encontró las grietas de estos controles por los cuales hemos podido todos los venezolanos tener acceso a alimentación regulada, y por supuesto, estabilidad emocional de mantener una familia e invertir ingresos en recreación, arte o vacaciones.

Hoy es un descontrol de precios, de no producción, y acaparamiento de lo poco producido, para «sacarlo» cuando al dueño de tienda le dé la gana.

¿Pobre Venezuela, verdad? ¿Cómo es posible que pase esto en este país tan rico? ¿Qué hace el gobierno? «Ese Maduro es un inútil», dicen unos cuantos pobladores y gobernantes de otros países que reclaman el respeto que no dan.

Hasta Google nos dedicó una icónica foto, tomada en Nueva York en el 2011, de una tienda con anaqueles vacíos que explicaba por sí sola el desabastecimiento en Venezuela en el 2013, antes de llegar a esta crisis.

Pobre, engañaron a Google? ¿O Google engañó al mundo entero? De que existe la manipulación mediática existe. Google publicó la foto, no se disculpa con este país por promover medias verdades y la vida sigue como si nada…

Recordemos que hace 20 años todo eso que hoy falta, estaba fácilmente en los anaqueles pero la mayoría de las y los venezolanos NO lo podíamos comprar porque no teníamos el dinero ni la seguridad laboral que hoy tenemos con futuro incierto.

Todo eso que falta hoy en este maravilloso país no es producido por este gobierno, ni por ningún gobierno de antes ni de los que vendrán después. Es producido por una industria capitalista, burguesa, manipuladora en sus precios y ganancias, empecinada en tumbar este gobierno legítimamente elegido, con los métodos electorales reconocidos en el mundo entero.

Hay gente gobernando en algunos países del mundo que no han sido elegidos por sus pueblos. No es nuestro caso. Y aunque no guste a algunos los resultados de unas elecciones, ese es el resultado electoral. Si no nos gustan los resultados cambiemos el mecanismo, las formas organizativas de elección, cambiemos el sistema pero no injuriemos al elegido.

Se cuestiona la gestión de Maduro, pero no se cuestiona la manipulación de la industria, el acaparamiento de alimentos en grandes almacenes de esa misma industria, la disminución en la producción para hastiar al grueso pueblo que ha sostenido la dignidad de este gobierno.

NO se cuestiona la dictadura financiera que nos somete a las y los venezolanos a estar en las amenazas del hambre todos los días, en las incertidumbres de las medicinas todos las semanas, en el desasosiego de que llegue el día en que las seguridades salariales que nos dejó el presidente Chávez ya no sean suficientes este mes para enfrentar al monstruo empresarial.

Porque es una dictadura financiera la que vivimos, es un golpe industrial que sostenidamente no produce suficiente porque no quiere, porque su deseo es ver derrotados a las y los chavistas que osamos creernos personas con futuro, porque les duele que el gobierno haya producido educación, autoestima, sentido patrio, sistemas de salud gratuitos, derechos laborales, salariales y sociales; este gobierno produjo la mayor cantidad de dignidad y sentido de vida para las mayorías pobres de este país, y eso no se olvida fácilmente. ¿Será por eso que hay más colas para comprar barato donde se pueda, que protestas?.

Las empresas y las tiendas han preferido jugar con nosotras y nosotros, producen la mitad para ponernos a pelear en la búsqueda del insumo que algún otro se quedará sin él. En una cola de 300 personas venden obligadamente paquetes de pasta dental de seis unidades, y cuando faltan 50 personas en la cola, dicen que se acabó el dentífrico. Si se hubiera vendido un tubo de pasta por persona, más de las 300 hubieran tenido. Pero no, es obligatorio comprar el paquete de 6… ¡se nos instiga a la pelea!.

Buscan matar los sentimientos de solidaridad, esperanza en el porvenir, y construcción colectiva que estaban en flor en esta Matria-patria nuestra.

Esa industria prefiere perder dinero con tal de ganar otra vez el gobierno, y con ello sus privilegios de estar en primera plana de periódico, volver a los teatros sin mezclarse con los pobres, ir a restaurantes exclusivos sin tener cerca de su mesa a cualquiera obrero o empleaducho porque su sueldo de obrero le daba para pagar, por lo menos una vez al mes, el mismo restaurante que ese dueño de empresa paga todos los días.

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