Maracaibo florido – 486A, por Luis Acosta

De Los Haticos vinimos a parar a las esquinas de las calles Ciencias y Milagro de Maracaibo. De nuevo, con mucha suerte, teníamos a la iglesia de San Juan de Dios, o La Chinita de Maracaibo, de frente al asomar a la calle la punta de la nariz. Por la diagonal, flameaba la bandera de la Escuela de Taxidernia y Música de la ciudad. En efecto, la Escuela de Taxidermia y Música la dirigía el viejo profesor Rafael Rincón, de amplio trabajo profesional. Mas, en una acción familiar, colectiva y académica, se estaban fraguando futuros médicos, ingenieros, abogados y músicos como Rafael Rincón González, hoy por hoy, el mejor compositor del Zulia así tenga que pelear con el popular Reyito, o el dúo de Armando Molero y la Lila Morillo de El Cocotero. Así fue la historia de ese ancestral taxidermista y músico, que además del quehacer y organicidad de esa escuela, se fue mas allá al instruir, educar y preparar toda su familia para lo grande y para lo noble.

 

Ellos no se recordaran de nosotros pero nosotros si de ellos. En efecto, Rafael, Guillermo y Gustavo Rincón González, hijos del viejo disecador, fueron y son seres agradables, llenos de simpatía y gusto por las cosas estudiosas bellas y sublimes. Si no mal recordamos, en esa academia, el inigualable Parrita, hermano de América Parra de la Calle Pascualito, dio vida a los nuevos triple repiques en la tambora de la gaita que cambiaron el ritmo, sonido y golpes en cada instrumento, incluyendo el furro y la charrasca. Y, de esa manera, incorporaron otros instrumentos que revolucionaron la gaita y que, con todo éxito, desarrollaron Guaco y Maracaibo 15; desde luego, después del triunfo clásico e incomparable de Ricardo Aguirre y su Grey zuliana con el conjunto El Saladillo.

 

Pues bien, esa Escuela ayudo a formar a la juventud del entonces. Pintores y artesanos también salieron de allí. Todos los días se trabajaba en las tres vertientes y, para mejor enseñanza, el viejo Rafael Rincón lo hacía con el ejemplo. En efecto, su hijo mayor, Rafael, compuso el famoso pregón Los Pregoneros y el vals Maracaibo florido. Guillermo tocaba el piano y Gustavo, el abogado, era un tamborero genial. El trovador y compositor Moisés Martínez, igualmente salió de esta escuela.

 

En esta institución había música y trabajo, de verdad la gente no perdía tiempo y, asi, los resultados fueron visibles e incomparables. Su ambiente destilaba la agradable fragancia del buen olor y del mejor humor; siempre hubo alegría y se mantuvo durante todo el siglo XX.

 

Por esa misma zona se encontraban los recordados cepillados de Serrudo, La Protectora de Leonidas Pirela que fiaba los entierros y el Colegio Mixto Bomboná. Además, la fuente de soda Puerto Arturo, los menjurjes de Olimpíades Galué y su Botica Occidental, situada en La Plazoleta, y, al pie de la plaza o principio de la Calle Ciencias, se imponía la señorial estructura arquitectónica de la iglesia de San Juan de Dios, donde se alberga la Madre del Señor, con quien queremos cerrar estos románticos y cristianos recuerdos del Maracaibo viejo dentro de sus 486 años de vida.

 

Fueron tiempos en que se jugaba beisbol en las calles de Maracaibo usando pelotas de goma para tenis y que se suspendían a cada rato con la llegada de la radio-patrulla y… a correr todo el mundo!

 

DC / Luis Acosta / Artículista

 

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