San Francisco, por Luis Acosta

Este artículo debería ser dedicado a San Francisco de Asís, al papa Francisco, a nuestro nieto Francisco Luis o a San Francisco del Tiznado, pero, ellos, nos perdonaran porque vamos a dedicarlo a la ciudad de San  Francisco que antes perteneció al municipio Cristo de Aranza del distrito Maracaibo y que nosotros, visitábamos prácticamente, a cada domingo. De hecho, íbamos en busca de: Cebolla de fuera y en rama, remolacha, ajíes, lechuga, rábano y otros tubérculos; producto de las barbacoas construidas por los naturales en los patios de sus  modestos hogares.

En efecto, desde Los Haticos quien iba desde la Planta de Energía cerca de la famosa Bodega  El Potente en La Arreaga hasta la Cervecería Regional al pié del cerro de Los Padres, nos íbamos a San Francisco, de verdad, el pueblo de San Francisco, tenía luz propia, tal las estrellas y siempre fue simpático y agradable.

Incluso, tenía mucha agua en su subsuelo y su clima fresco y abierto. Su gente, trabajadores  y emprendedores. Al ir  de visita a San Francisco, siempre había algo que comprar y llevar. La esencia de su virtud  era la unión del núcleo familiar que se enseñaban los unos a los otros. En todo caso, no había descanso; la orden era llenar las Barbacoas.

Así, la ciudad y sus adláteres eran felices y contentos. Sus árboles frutales se veían florecer y de allí, surgieron sus propios raspados y cepillados. Llegó, entonces, San Francisco a lo que más podía desarrollar de acuerdo a sus posibilidades y algo más. Más, sembró  su futuro y se preparó para su crecimiento  humano, cívico y moral.

Luego, no es en verdad que la magia de la televisión logró el desarrollo de este noble pueblo. Al contrario, el tesón de sus hombres; la fuerza espiritual de su gente; las bendición del Padre Vílchez y la salud de su población sana y salva, dieron vigor a su coyuntura y a la fábrica de Cementos.

Por estas imágenes y creaciones que aún visualizamos en nuestros recuerdos, saludamos a este prestigioso conglomerado y le reconocemos que su felicidad es fruto de su siembra y que nunca formó tempestades, al revés: Su hazaña histórica vibra dentro de una población propia. En efecto, oriundos y sembradores, aledaños del mismo origen fueron llegando hasta los años 90. Lo demás, es pura: ¡Añadidura!.

 

DC / Luis Acosta / Articulista /Ex Sec. Gral. Edo. Sucre

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