¡Oh! ¿Quién podrá defendernos?, por Jesús Castillo Molleda (@castillomolleda) 

La prensa nacional, portales web, cuentas twitter, muestran las diferentes manifestaciones por parte de los ciudadanos con respecto a la aguda situación que enfrenta Venezuela. Asimismo, los señalamientos que hacen a los cuerpos de seguridad sobre la violación de derechos humanos, robos, atracos, hurto, matraqueo por parte de éstos uniformados. Y es que, la inseguridad no distingue entre clases ni credos, desde el señor que maneja un carro por puesto destartalado (producto de un ineficiente transporte público urbano), hasta un costoso transporte público extraurbano; pues todos experimentan la angustia de ser atracado en carretera, evitar un accidente por el mal estado de las autopistas del país. Esto sucede además en terreno oficial, pues muchos familiares de personas detenidas, unas inocentes otras no, manifiestan que hay que pagar hasta para entrar al centro de reclusión, y los ciudadanos señalan que si te roban un vehículo y lo recuperan las autoridades te matraquean para que no se pase a fiscalía. El matraqueo, la maraña se han convertido en parte de la cultura de muchos servidores públicos en donde los honestos se sienten acorralados.

Para el ciudadano ir a una oficina del Ministerio Público, C.I.C.P.C, Intendencias, es caótico, dado a que casi siempre (por no decir siempre) las atenciones (justificadas en el volumen de casos y poco personal para atender) superan más de 4 horas en oficinas públicas, horas que se hacen eternas, al éstas carecer de amplias y confortables salas de espera, salas sanitarias, y que en muchas ocasiones hasta con el papel bond hay que colaborar.

Asimismo, las protestas ciudadanas por falta de servicios públicos como: aseo, agua, gas, alumbrado público, electricidad, inseguridad, cada día se hacen más presentes producto de la desinversión del sector público en mejorar esos servicios. Aunado a ello, son comunes los reclamos de usuarios de líneas aéreas nacionales con respecto a los retrasos de la salida de vuelos y pérdida de equipajes, lo que evidencia que el servicio de transporte aéreo nacional se encuentra enfrentando serios problemas. Igualmente, es común llegar a hoteles, que a pesar de que la tarifa no es nada solidaria, sus instalaciones y servicio son de baja calidad. Esta realidad es casi espejo de las instituciones de salud pública, que a pesar de contar con médicos carecen de insumos, lo mismo pasa en la educación pública, hay maestros, profesores, pero no equipos ni materiales, lo cual evidencia que la gratuidad no es cierta, porque el ciudadano siempre tiene que llevar algo.

Y sin quedarse atrás, para completar el deterioro en el que se encuentra sumergido el país, el desabastecimiento ha promovido la especulación, la inflación y el dólar paralelo, lo cual  compiten a ver quién sube más. Mientras que, los alcaldes y gobernadores aparte de llenar sus administraciones de nepotismo y grandes negocios tienen pocos logros que exhibir, lo que agudiza aún más los problemas de los ciudadanos. Y es por ello, que el ciudadano se siente que está solo en esta lucha, pensando incluso que es un arma de doble filo el hecho de denunciar, porque se puede convertir en una amenaza para ellos, y que al final nadie actúa, porque la complicidad está en todos los organismos, lo que está obligando a tomar acciones propias que son muy peligrosas, debido a que cuando el ciudadano se convierte en el administrador de la justicia, por ejemplo, al linchar a un delincuente, secuestrar un camión cisterna para que reparta agua a una comunidad, saquear un camión de alimentos porque no lo consiguen por las vías regulares, cerrar las vías en búsqueda de atención, puede derivan un caos social donde sobrevive el más apto.

Por otra parte, se debe tomar en cuenta que muchas comunidades nacen productos de ocupaciones ilegales las cuales no cuentan con ningún tipo de planificación urbana lo que limita las acciones futuras para colocarle cualquier servicio público. La anarquía está construyendo un Estado forajido en donde el más fuerte es quien manda.

Cuando el gobierno, que es quien tiene la obligación y el deber de defender los derechos ciudadanos, prestar los servicios públicos, garantizar la producción nacional de la mano de los empresarios, dar seguridad, abastecer los mercados, impulsar la libre competencia, promover nuevas inversiones, dar seguridad jurídica y ciudadana, garantizar una salud pública eficiente, reinvertir los impuestos y ganancias petroleras en infraestructura y servicios, promover la participación cultural, educativa, ciudadana de respeto a los derechos humanos y no lo hace entonces, ¡Oh! Quien podrá defendernos, como lo dijo Macaulay Thomas, “Los políticos tímidos e interesados se preocupan mucho más de la seguridad de sus puestos que de la seguridad de su país”.

 

DC / S.H. Jesús Castillo Molleda Profesor Universitario, Politólogo, Coach Político, Locutor / jcastillo@fundacionzuliaproductivo.com / @castillomolleda

 

 

 

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