El consumidor venezolano es hoy un depredador lleno de miedo

El consumidor promedio venezolano se ha vuelto un depredador, presa del miedo y de la ira, en medio de una economía de escasez, inflación e incertidumbre, concluye el economista Carlos Jiménez, presidente de la firma Tendencias Digitales.
En este contexto, la confianza del consumidor ha caído 23% en marzo, uno de los peores niveles de los últimos años, explicó Jiménez en una reciente entrevista.

“El consumidor se está enfrentando a la realidad de un mercado con 69% de inflación, 57% de escasez (promedio entre enero y marzo) y ha visto descender su confianza”, dijo Jiménez en el programa Análisis Venezolano, del canal El Venezolano TV.

En el gobierno anterior, o más con el presidente anterior, esta confianza llegó a 57,2% en 2012 y el promedio oscilaba en alrededor de 50%, lo cual era equivalente a lo que se observaba en otros países, puntualizó.

La cifra supone una caída bastante grande y coincide con el hecho de que 40% de los encuestados manifestó su expectativa de que su ingreso nominal disminuirá este año, agregó. Otro 30% estima que se mantendrá igual, con sólo cerca de 12% diciendo que va a aumentar.

Ese indicador de confianza mide cinco variables clave: la percepción de la situación personal actual y futura, la del país actual y futura y la disposición a la compra de bienes durable, explica.

Pero ese indicador es apenas la epidermis de la situación general del mercado y de la economía.

“El consumidor te está diciendo que no confía en la situación, no la ve favorable y por ende no está muy motivado a comprar porque su ingreso real está muy mermado, o porque no tiene la confianza para endeudarse y adquirir bienes”, señaló.

Por debajo esa piel, las encuestas, los análisis, estudios cualitativos y grupos de enfoque de Datanálisis y Tendencias Digitales han detectado una mezcla de emociones importantes.

“Una de ellas es el miedo, el miedo que tiene que ver con la incertidumbre de no saber lo que va a pasar. El otro tiene que ver con la rabia asociada a la frustración. Han sido emociones características de ese consumidor venezolano”, señaló sobre el más reciente estudio con unas 600 personas a escala nacional.

“En la escala de emociones, aquellas relacionadas con rabia, ira y hostilidad, fueron las que estaban predominando. El segundo grupo de emociones tenía que ver con la ansiedad que te genera el no saber qué va a pasar de cara al futuro”, explicó.

Entre ellas destaca “la incertidumbre de no saber lo que va a pasar y no poder controlarlo”. Además cuentan la tristeza, la desesperanza, rabia, impotencia y frustración.

“En una inflación tan alta como la de Venezuela, que va estar en 100% o más, que 70% de las personas te diga que su ingreso en términos nominales va a disminuir o se va a mantener, te está reflejando una caída muy importante del poder adquisitivo. La gente sabe que se está empobreciendo aceleradamente”, explicó.

Cuando en las entrevistas a profundidad se encuentra que el consumidor siente rabia de esta situación no sorprende que 80% desapruebe el modelo económico.

El 30% de los encuestados dice que comprará menos en este 2015 y una cifra similar dice que comprará igual, eso comprado con un año 2014 recesivo donde cayeron con fuerza los indicadores de consumo.

En 2014 el consumo final privado retrocedió 3,3% rompiendo una racha de dos años consecutivos en los que había crecido en 7%, y de un 2011 cuando avanzó 4%.

Los estudios también han identificado un sentimiento de negación en un segmento de ese consumidor que “simplemente trata de ignorar la situación” y dice que no está pasando nada, se hace el loco.

Otro grupo busca y quiere soluciones al estilo del realismo mágico tan latinoamericano. Sueñan con titulares que no parecieran muy realistas, como que “el gobierno se sienta a negociar con el sector privado”.

“Son deseos. Lo niegas todo o te entregas a soñar y a desear que algo bueno debe pasar”, dice sobre este grupo minoritario. “Pero la mayoría siente mucha ansiedad, está básicamente frente a una situación a la que no le ve salida”, señaló.

Sobre la escasez, Jiménez señaló que la gente termina encontrando muchos de esos productos ausentes, pero “a un alto costo monetario y de suelas de zapatos”.

“La escasez es solo la punta del iceberg. Pero la parte de abajo es gigante, la más grande es el tiempo que perdemos los venezolanos buscando los productos y el alto costo que pagamos por el producto, que se termina pagando muy por encima de lo que sería si tuviéramos una economía de libre mercado”, señaló.

Jiménez señala que en este entorno en efecto han cambiado los hábitos del consumidor y su relación con productos y marcas.

“Sí, hay una erosión de la lealtad de la marca, evidentemente porque el consumidor venezolano se convirtió en un consumidor depredador, que va al punto de venta y si consigue toma la que pueda. Obviamente se ha perdido esa condición que tienen los consumidores en muchos mercados donde tienen preferencia mayores o menores por algún producto, en algunas categorías. Eso está muy erosionado porque sencillamente hay una sola marca” en muchos casos.

DC | El Estimulo

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