Boris Muñoz entrevista a Leopoldo López ¡Lo último!

La parábola de Leopoldo López [Parte I]. De la situación actual a La Salida

El 18 de septiembre, Leopoldo López cumplió siete meses en la prisión militar de Ramo Verde. Han pasado demasiadas cosas en ese tiempo: un gobierno que reprime sin disimulos, la peor crisis económica en varias décadas y generaciones, derechos humanos y civiles vulnerados y una población general sometida a la ineficacia y las imposiciones más arbitrarias por parte del poder. La oposición también está golpeada, descompuesta y errática. Toda una nueva etapa en Venezuela.

En esos meses también se han conocido detalles sobre la preparación y desarrollo de #LaSalida, propuesta política lanzada por López, junto con la ex diputada María Corina Machado y el Alcalde Mayor de Caracas, Antonio Ledezma.

Se ha visto además que el proceso judicial que se le sigue a Leopoldo López está viciado hasta la médula. Juan Carlos Gutiérrez, abogado defensor del político, declaró después de la audiencia del 10 de septiembre: “Hoy quedó demostrado de manera irrefutable… que… jamás hubo incendio a la Fiscalía, no hubo quema ni en la entrada, ni en la biblioteca, no se quemaron documentos ni bienes. Este cargo que se le imputa a Leopoldo López y a los estudiantes es absurdo, es falso y… quedó desvirtuado hoy a raíz de las declaraciones de los expertos”. Otras imputaciones como asociación para delinquir han perdido fuerza por falta de sustanciación y testigos. Pero lo que demuestra de modo incontrovertible la falta de Estado de Derecho es la negación de la jueza de control Adriana López a admitir las pruebas y testigos presentados por la defensa. Para decirlo de modo aún más simple, no es sólo que López está pagando un alto precio por haberse hecho oír por sus conciudadanos, sino que a él y a Cristian Holdack, Marco Coello, Damián Martín y Ángel González, los cuatro estudiantes procesados, han sido despojados de los más importantes recursos que tiene un acusado para defenderse. Esto sin mencionar que, desde el inicio de las audiencias, sólo han declarado 5 de los 76 testigos convocados por la Fiscalía, lo que añade al proceso un ritmo cachazudo que podría hacer demorar el juicio hasta 14 meses. Todo esto, de algún modo, abona su clamor de haberse entregado a una “justicia injusta”.

Sin embargo, la cárcel ha tenido efectos curiosos sobre López: lo ha aislado de la refriega política y la calle, pero también lo ha preservado del tremendo desgaste que han sufrido otros actores del gobierno y la oposición, como si estuviera enclaustrado en una cámara anticorrosiva. Uno de esos efectos es que su imagen política ha mejorado notoriamente desde su detención. La encuesta IVAD de fines de agosto sobre gestión de gobierno y coyuntura política lo muestra punteando entre los líderes nacionales, levemente por encima de Henrique Capriles Randonski y muy arriba del Presidente Nicolás Maduro. Es más, una abrumadora mayoría considera que la acusación del gobierno en su contra por golpismo es falsa. Como ávido lector de encuestas, Leopoldo López sabe que hasta ahora la prisión en vez de estigmatizarlo como enemigo público ha disparado una valoración sin precedentes de su imagen que mantiene vivo su liderazgo y futuro político más allá de los muros de Ramo Verde.

En esta entrevista, presentada en dos partes y realizada mediante el ir y venir de cuestionarios durante varios meses, el líder de Voluntad Popular respondió a mano en su celda muchas preguntas sobre la crisis política actual. Lo hizo con amplitud y minuciosidad para aclarar numerosas áreas grises en torno a distintos temas controvertidos: su convocatoria a la protesta popular, su entrega a “una justicia injusta” y la participación de Diosdado Cabello en la misma, así como sus diferencias políticas con Capriles Radonski y la Mesa de la Unidad. También elabora su visión sobre la naturaleza actual del gobierno chavista y cuáles deben ser las estrategias y tácticas para enfrentarlo, lo que ha sido uno de los puntos de disputa más avinagrados entre los líderes opositores. Cuando se le pregunta si la salida fue una opción precipitada con un alto costo para la oposición, defiende las razones de su actuación y reivindica la acción no violenta, empleando la retórica militante de alguien que insiste estar en el “lado correcto de la historia”.

Prodavinci es una plataforma digital. Dada su naturaleza, Leopoldo López hace mención a varios enlaces para contextualizar períodos de la lucha política reciente o para afianzar sus respuestas.

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Sobre la situación actual

¿Cuál es su evaluación de la situación venezolana a partir de su encarcelamiento el 18 de febrero? Por favor desarrolle su respuesta específicamente en tres campos: 1) económico, 2) social, 3) político. Al final, por favor, concluya con un comentario sobre la situación general del país.
Sobre la situación general del país podemos decir que llegamos al colapso del modelo mal llamado “socialismo del siglo XXI” y la mayoría de los venezolanos estamos pagando la factura de ese fracaso. Hay que aclarar, eso sí, que la factura la pagamos todos menos la élite gobernante más corrupta e ineficiente de toda nuestra historia, la cual ha saqueado y robado las riquezas de todos los venezolanos.

En lo económico, el modelo basado en la destrucción de la producción nacional que pudo sostenerse gracias a la renta petrolera, se agotó con consecuencias realmente preocupantes y lamentables para nuestro pueblo. La inflación más alta del mundo, escasez como si estuviéramos en un conflicto bélico, desempleo y colas inhumanas para adquirir cualquier artículo de primera necesidad, repuestos y medicinas. Estamos presenciando un desquiciamiento del aparato productivo nacional y de las cadenas de valor y una economía llena de distorsiones que favorece el negocio ilícito en lugar de promover el trabajo productivo.

En lo social, los síntomas del fracaso son evidentes. A pesar de estar viviendo un ciclo de boompetrolero por la vía de precios, la bonanza más significativa en 100 años de petróleo en Venezuela, la pobreza ha aumentado, el sistema de salud colapsado, el desempleo en aumento, la infraestructura destrozada y la seguridad social inexistente.

Hoy en Venezuela tenemos un sistema de salud que no cura a los enfermos; un sistema educativo que no educa; una seguridad social que no ampara a la población vulnerable; policías, jueces y fiscales que no protegen; una economía que no produce ni empleo ni bienestar. Todo, producto de un modelo fracasado amparado en un sistema de dominación. Por eso decimos que no se trata sólo de cambiar a un modelo de políticas públicas, se trata de cambiar un sistema.

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De #LaSalida al 18 de febrero

Cualquier análisis reconocerá que usted y Voluntad Popular, movimiento del cual es Coordinador Nacional, fueron ganadores indiscutibles en las elecciones del 8 de diciembre de 2013, cuando obtuvieron 15 triunfos, algunos de ellos en bastiones del chavismo. Ese mismo análisis diría que usted, como líder de un partido emergente, debería haberse concentrado en hacer exitosas las gestiones edilicias y consolidar posiciones y avances. Pero no fue así. El mismo 9 de diciembre, un día después de las elecciones, en un artículo de prensa, proclamó que defendería los votos que no fueron defendidos en las elecciones presidenciales del 14 de abril. Por otra parte, diversas fuentes confiables coinciden en que ya en noviembre de 2013 usted estaba pensando convocar una protesta popular contra el gobierno. Dentro del contexto amplio que acabamos de describir, ¿podría contar por qué tuvo esa idea y cómo fue su desarrollo hasta llegar al 23 de enero, fecha en que un acto público, usted junto con la ex diputada María Corina Machado y el alcalde Antonio Ledezma, convocó, bajo la consigna de #La Salida, a una movilización popular, basada en primer lugar en asambleas ciudadanas pero también en protestas de calle?

Tal como lo describes en tu introducción, en las elecciones municipales VP fue el partido de la unidad con mayores victorias y lo más relevante es que sólo dos de ellas (El Hatillo y San Cristóbal) fueron en localidades históricamente opositoras. La inmensa mayoría se obtuvo en bastiones del PSUV. Es el caso de Marigüitar, Mario Briceño Iragorry, Chaguaramas, Piar, Torbes, Cárdenas, Ureña, por sólo nombrar algunas. Pero también es importante destacar el triunfo allí donde existen territorios controlados por la guerrilla y grupos irregulares como Guasdualito y otros donde se observa la máxima expresión de la dupla PSUV/PDVSA, como el municipio Maturín, capital del Edo Monagas. Las victorias en terreno opositor (San Cristóbal y El Hatillo) también tienen un significado especial porque representan el triunfo de una generación lanzada a la lucha política a partir del 2007, como Daniel Ceballos (hoy preso conmigo en Ramo Verde) y David Smolansky, quien se ha destacado por saber balancear su labor como alcalde con la de líder político ante la coyuntura nacional.

Estas victorias frente al PSUV y en municipios que van desde grandes capitales como Maturín, hasta pueblos pequeños en lo más profundo de Venezuela, son el producto, en mi criterio, de tres factores: un liderazgo social y político fuerte en cada uno de los municipios (la inmensa mayoría legitimado en primarias, otra de las tesis impulsada por Voluntad Popular), un trabajo social de base en las comunidades y sectores populares con las redes populares, y un discurso frontal contra el desastre del gobierno.

De manera que cuando somos criticados a veces por tener un discurso frontal contra lo que consideramos una dictadura y se nos dice que ese discurso no es popular o no llega al pueblo, le decimos, con hechos y no palabras, que nada es más falso. La inteligencia de nuestro pueblo no debe subestimarse. El pueblo de Venezuela sin duda hoy está agobiado por problemas que deberían estar resueltos por cualquier gobierno medianamente eficiente como la escasez de productos, la inflación, la inseguridad, problemas de servicios básicos como la luz, el agua y el gas. Pero nuestro pueblo también está asfixiado por un régimen que lo quiere controlar todo, que quiere racionar la comida, marcar a la gente con números para que compre alimentos, decirle al pueblo qué debe escuchar, leer o ver. Es decir, una dictadura que busca suprimir nuestras libertades. El venezolano tiene tantas necesidades materiales y básicas como necesidades espirituales de libertad y cualquier discurso y propuesta política debe entender esa necesidad de nuestro pueblo.

Voluntad Popular luego de las elecciones de alcaldes da un paso firme en su consolidación como partido joven, de jóvenes y promotor de liderazgos. Los alcaldes electos, en su mayoría vienen de consolidar paso a paso su liderazgo. Primero en las elecciones abiertas de Voluntad Popular, luego en las primarias de la unidad y finalmente en las elecciones de 2013. Cuando nace Voluntad Popular en 2011 lo hace convocando elecciones para elegir las autoridades de todo el partido, desde la parroquia hasta la dirección nacional. Pusimos en práctica lo que por mucho tiempo sólo era una quimera: la democratización interna de los partidos. En ese momento participaron 170.000 personas para elegir a cuatro mil autoridades del partido de manera directa, algo nunca visto en la historia de los partidos políticos en Venezuela y que representa un compromiso que queremos continuar.

Esta convicción de abrirnos a la gente, de construir de abajo hacia arriba, nos llevó a asumir con fuerza la bandera de las primarias y tarjeta única para la unidad. Al principio fuimos criticados o quizá incomprendidos por algunos, pero al final se asumió esta tesis por parte de toda la unidad y más de 3 millones de venezolanos que participaron en las primarias del 2012.

Hago este breve recuento de Voluntad Popular, puesto que allí está plasmada, igualmente con hechos, nuestra convicción en la participación democrática y electoral. Ha sido y sigue siendo la voz del pueblo, de la mayoría del pueblo, en procesos electorales el único camino para legitimar un cambio de rumbo en la dirección que lleva la conducción del Estado y de la Nación. Ahora bien, lo que estamos obligados a plantearnos es: ¿cuál elección y cuándo? ¿Qué proceso electoral puede parir un verdadero cambio? y ¿cómo debemos llegar con una fuerza popular y organizada a ese momento?

Luego de las elecciones de abril de 2013, cuando asumimos, tal como lo dijo Henrique Capriles, que Maduro se había robado las elecciones, nos planteamos una intensa discusión sobre cómo caracterizar el régimen y cómo salir del desastre. Esta discusión la dimos dentro de Voluntad Popular y la propusimos en reiteradas reuniones de la Unidad.

Sobre la caracterización llegamos a la conclusión de que este era un régimen corrupto, ineficiente, represor y antidemocrático. Y teniendo estas características el régimen no puede ser llamado democrático, por lo que asumimos que el régimen es una dictadura. Una dictadura del siglo XXI, una dictadura con cierto apoyo popular como lo tuvieron muchas dictaduras del siglo XX, pero una dictadura. Una dictadura a color. Yo crecí escuchando historias de la dictadura de Gómez, ya que mi bisabuelo fue un preso político y mi abuelo vivió el exilio y siempre tuve imaginaciones de esa época, pero todas eran en blanco y negro. Esta dictadura es a color porque está aquí frente a nosotros en nuestro presente.

La caracterización del régimen como dictadura es un paso significativo puesto que deja a un lado las ambivalencias, muchas veces moldeadas por algunos intelectuales, de que el régimen sufre de un “déficit” democrático pero es una democracia. Al no tener una postura clara y, en consecuencia, firme, sobre lo que estamos enfrentando los demócratas, se corre el riesgo de seguir permitiendo la consolidación de la dictadura y la destrucción del país. Y para estar claros, esas dos condiciones se mueven en la misma dirección, si no hay una acción de contención democrática. No es cierto que el solo deterioro económico y social sea el factor determinante para el cambio político. Allí está el ejemplo de Cuba, que para Venezuela no es un ejemplo teórico, ni lejano, sino más bien conductor. Más de cincuenta años de un deterioro económico descomunal y en paralelo la consolidación del régimen.

Siguiendo esta lógica, ¿si estamos en dictadura cómo la enfrentamos y salimos de ella? A este tema le dedicamos muchas horas de discusión, exploramos todas las opciones y llegamos a la conclusión de que debíamos activar alguna de las vías constitucionales para el cambio político. Particularmente la promoción de una reforma constitucional para el recorte de los periodos de los poderes públicos y adelanto de elecciones (propuesta que fue mencionada por Gerardo Blyde recientemente), la convocatoria a una asamblea constituyente con la intención de reorganizar todos los poderes públicos, definir el modelo institucional y económico a seguir, y una convocatoria a elecciones generales o la convocatoria a un referéndum revocatorio.

Siendo estos los vehículos para el cambio, concluimos que sólo desde la calle con organización y protesta no-violenta podríamos activar cualquiera de estas alternativas. Esta visión de cambio político, no es incompatible con la promoción de gestiones locales eficientes y transparentes. Pero lo cierto es que sin un cambio político nacional no es posible alcanzar el verdadero potencial de los gobiernos locales y regionales. Recientemente los alcaldes expusieron el cerco institucional y la asfixia económica a la que están siendo sometidos, sean de oposición o del PSUV (si bien estos últimos tienen prohibido reclamar democráticamente, igual padecen los problemas).

En esta situación, a comienzos del 2014 elaboramos, conjuntamente con otros factores sociales y políticos, una agenda de acciones enmarcadas en una ruta de cambio que combinaba protesta no violenta con asambleas populares para fortalecer la organización popular para el cambio. Así lo expusimos. Este es el panfleto que utilizamos para la convocatoria y que hoy constituye un elemento probatorio promovido por la fiscalía en el juicio que adelantan en mi contra. En este panfleto presentamos la ruta paso a paso. Ruta que en nuestra opinión sigue vigente cuando cumplo 6 meses de prisión y se cumplen 7 meses de nuestra convocatoria. Esta ruta para construir una fuerza popular y organizada que abra las compuertas constitucionales para el cambio fue y es nuestra propuesta para la salida al desastre y la conquista de la democracia. Propuesta que se dio a conocer como #LaSalida.

¿Cómo se desarrolló #LaSalida a partir del 23 de enero, sobre todo en vista de las protestas estudiantiles que estallaron en Táchira y Mérida?

El 23 de enero, en el marco del alzamiento popular que dio paso a la democracia en 1958, una fecha celebrada por el régimen y por la oposición, hicimos un llamado a asumir el camino de la conquista de la democracia con asambleas y protestas no violentas. El 23 de enero fue un día cumbre de una lucha sostenida desde la clandestinidad, la protesta y el desgaste político de la dictadura de Pérez Jiménez. Fue en ese contexto que propusimos una agenda que tenía como primer paso la convocatoria a Asambleas Populares en todo el país para discutir la ruta hacia la salida de la dictadura. La primera fecha propuesta fue el 2 de febrero.

El 2 de febrero la asamblea en CCS se convocó en la plaza Brión. En el resto del país se convocó a más de 100 asambleas. La respuesta nos sorprendió a los convocantes. No sólo fue masiva sino también representativa. Allí estaban los estudiantes, dirigentes sindicales, trabajadores, organizaciones sociales y, lo más importante, mucha gente y mucho compromiso.

Ese día, los estudiantes convocaron a que el 12 de febrero, día de la juventud, se celebrara de manera amplia en la calle. Mientras la asamblea de CCS culminó sin problemas, en otras partes del país se dieron las primeras detenciones arbitrarias. En Margarita metieron presos a 6 estudiantes y en Táchira a 4.

¿Cómo se desarrollaron los eventos del 12 de febrero? ¿Qué buscaba usted con esa movilización? Muchos venezolanos de oposición estuvieron de acuerdo con movilizarse y protestar contra la represión gubernamental, pero critican la falta de un programa de acción para lo que vino a partir de ese momento. Explique cómo visualizaba usted el 12-F de cara a una protesta popular amplia de largo plazo, cuyo objetivo era la salida del Presidente Maduro. ¿No considera usted que su movimiento jugó posición adelantada?

A partir del 2 de febrero se sumaron muchos factores, principalmente estudiantes, a la convocatoria del 12F. La convocatoria fue masiva y nacional. Se dieron concentraciones en todo el país y fueron acompañadas por todos, absolutamente todos, los factores de la Unidad. En Caracas, luego de la concentración en Plaza Venezuela donde expusimos la ruta de asambleas y protesta no violenta para activar una salida constitucional y democrática, se acordómarchar hasta la Fiscalía General de la República (Ministerio Público) para exigir la liberación de los jóvenes detenidos que se habían convertido en las primeras de lo que fueron más de 3500 detenciones arbitrarias a manifestantes entre febrero y mayo de 2014.

La marcha a la fiscalía fue masiva y pacífica. Allí estuvimos un par de horas protestando y exigiendo la liberación de los detenidos. No hubo ningún incidente. Por decisión del gobierno y de la Fiscal, no había presencia policial ni de la Guardia cuando llegamos. Luego llegó la Guardia Nacional Bolivariana y la Policía Nacional Bolivariana y se mantuvieron distantes de la Fiscalía, donde estaba la concentración. Siempre llamamos a la calma y a la no violencia como estrategia de lucha en la calle. Al conocer que se aproximaban colectivos armados, protegidos por la PNB y GNB decidimos hacer un llamado a retirarnos.  Se retiró el grueso de la manifestación, en paz y sin violencia. Sin embargo quedó en el sitio un número de manifestantes en su mayoría estudiantes. Entre ellos Bassil Da Costa, joven estudiante de 23 años que fue asesinado por funcionarios del SEBIN.

El asesinato de Da Costa y luego el de Juan Montoya, ocurridos luego de habernos retirado, generaron indignación entre los manifestantes, quienes lanzaron piedras en contra de los funcionarios y luego frente a la Fiscalía. Eran piedras contra balas que salían de armas oficiales cargadas por funcionarios uniformados y de civil, y de las armas tantas veces denunciadas de los colectivos allí presentes. Es muy importante señalar y destacar que todas las pruebas de fotos y videos muestran a funcionarios disparando las armas de fuego que causaron estas lamentables muertes. No existe ninguna foto ni testimonio que señale a alguno de los manifestantes disparando.

He tenido que estudiar minuciosa y detalladamente lo ocurrido el 12F, ya que mi juicio es precisamente por estos hechos y todo lleva a la conclusión de que lo ocurrido ese día fue una celada montada por el régimen. Varias preguntas, que sería bueno que todos los venezolanos nos hagamos, nos llevan a esa conclusión:

1. ¿Cómo sabía Maduro la víspera del 12 de febrero, tal como lo declaró públicamente, que iba a haber un muerto?
2. ¿Por qué no actúa la GNB y la PNB en protección de los manifestantes?
3. ¿Por qué la GNB y la PNB se retiraron de la sede del Ministerio Público, mientras le lanzaban piedras a su fachada durante 45 minutos?
4. ¿Por qué la GNB y la PNB le dio protección a los colectivos armados?
5. ¿Por qué fue una comisión del SEBIN al sitio, si Maduro dijo que había ordenado su acuartelamiento. ¿Quién le dio la orden de ir al SEBIN?
6. ¿Quién dio la orden de disparar?
7. ¿Por qué dos escoltas del Ministro Rodríguez Torres estaban entre los que dispararon y éste no ha aclarado su responsabilidad ante la justicia?

La noche del 12F hubo un tercer fallecido, Roberto Redman, asesinado en Chacao mientras manifestaba, también presuntamente por funcionarios policiales.

Esa misma noche al saber de la orden de captura en mi contra por los delitos de instigación, asociación para delinquir, daños, incendio, terrorismo y homicidio, se me presentaron 3 opciones. Estos últimos dos delitos fueron desestimados por la fiscalía en la acusación formal, pero es importante señalar que cuando acudí al TSJ estaban presentes, así como en la orden de captura con la que allanaron mi casa, la de mis padres y la sede de Voluntad Popular a punta de pistola.  El que a sólo cuatro horas de los hechos, la Fiscal haya aprobado una orden con los delitos de terrorismo y homicidio pone en evidencia la saña y el carácter político de esa orden de captura, preámbulo de mi encarcelamiento.

Yo sabía que esta encrucijada podía llegar, lo sabía porque durante un año, desde enero de 2013, Maduro y el coro oficialista me amenazaron con cárcel en más de un centenar de ocasiones. Estas amenazas, siempre acompañadas de una campaña de descrédito de corte fascista, tuvieron como capítulo notorio el señalamiento a una “trilogía del mal”, en la que se me mencionaba junto con Henrique Capriles y María Corina Machado, como responsable de los problemas del país. Maduro sólo esperaba una excusa para encarcelarme y el 12F le sirvió de eso, de excusa a una decisión estrictamente política como también lo fue la que tomó Hugo Chávez en mi contra con la inhabilitación política a partir de 2008, que me impidió ser alcalde metropolitano.

También diría que fue una decisión de alguien inseguro y temeroso que se tiene que refugiar en la manipulación del poder para enfrentar a sus adversarios. Una persona que no tiene la hombría de asumir frontalmente la contienda política en el terreno de las ideas, del pueblo, en el terreno de la democracia. Maduro es un presidente ilegitimo que se robó las elecciones y, en consecuencia, le debe el poder no al pueblo sino a sus socios que, manipulando las instituciones (el CNE, el TSJ, la Fiscalía y la Contraloría), tomaron por asalto al Estado venezolano y hoy se mantienen en el poder robando, tapando sus delitos entre unos y otros, pisoteando la Constitución, vendiendo el patrimonio, endeudando el país hasta las metras y hambreando al pueblo. Un Estado que hoy abierta y claramente se presenta como un Estado delincuente, un narco Estado.

Al hacer estas afirmaciones, no faltarán analistas que digan que esos adjetivos son muy radicales y que con eso no ganamos elecciones. Estoy en total desacuerdo con eso por dos razones, la primera, porque estamos obligados a llamar las cosas por su nombre y segundo porque los que eran oficialistas y ya no lo son quieren una alternativa que se diferencie. Esto último lo pude comprobar con victorias muy emblemáticas (Maturín, Guasdualito, Torbes, Cárdenas) en las elecciones municipales en las que participé activamente. En todos esos municipio ganamos por el liderazgo de quienes hoy son alcaldes y porque denunciaron frontalmente al Estado delincuente.

Volvamos a lo ocurrido el 12-F. Concluya su visión de ese día.

El relato con detalle de lo ocurrido el día 12 de febrero es importante puesto que estos hechos sirvieron de detonante para una protesta masiva y llena de indignación que se expandió por todo el país durante los días siguientes. Llegué a leer una encuesta en la que el 70% de los entrevistados afirmaban que habían estallado protestas en su pueblo o ciudad.

Confieso que me sorprendió la manera tan masiva como se dieron las protestas. Nosotros sabíamos, antes del 12F, que había mucho malestar acumulado, pero habíamos pensado que sería más gradual la escalada. El hecho cierto es que la combinación del malestar acumulado por razones sociales, la crisis económica y la asfixia a las libertades con la represión policial y judicial desatada a partir del 2-F, y acentuada del 12-F en adelante, fueron las bases para una protesta que duró más de 3 meses, cuyas razones, en mi opinión, siguen más vigentes que nunca.

Es importante recordar que la violencia durante esos meses fue originada por la represión policial y judicial. Es un error hacerse eco de que la violencia vino del lado de los manifestantes. Los hechos muestran lo contrario: 3500 detenidos, represión exagerada contra todas las manifestaciones, 42 muertes de las cuales los únicos que están claramente identificados como responsables son funcionarios o miembros de colectivos. No hay ni un solo caso en donde se haya vinculado a manifestantes con la autoría material de alguno de los homicidios

Lo que ocurre es que ante el cerco mediático y la asfixia comunicacional, el régimen montó una campaña despiadada, calificando como terroristas, fascistas y asesinos a los estudiantes y a los manifestantes en general. Esto en lugar de inhibir generó aun más indignación.

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¿Qué pasó el 18-F?

En torno a las circunstancias de su entrega el 18 de febrero en un acto de masas hay muchas lagunas. Esas circunstancias han sido motivo de rumores y especulaciones justificadas.

Ese mismo día, el presidente Maduro declaró que había una conspiración contra usted orquestada por “la ultraderecha en Miami” y que él había comisionado a Diosdado Cabello para negociar su entrega y que éste se había reunido durante tres noches con su familia.

En palabras de Maduro, transmitidas por Venezolana de Televisión, “se llegó a un acuerdo amigable para cumplir la Ley y Leopoldo López aceptó entregarse en paz a la justicia y es lo que hicimos hoy. En este momento el compañero Diosdado se dirige, él manejando su carro está llevando a una cárcel fuera de Caracas a Leopoldo López para que responda a la justicia”.

Cuéntele al país que fue lo que pasó. ¿Cuál fue el papel desempeñado por el diputado Diosdado Cabello en su entrega? ¿De qué se trataba la supuesta conspiración opositora para matarlo? ¿Tiene la denuncia del Presidente Maduro fundamento? ¿Qué significa haber llegado a un “acuerdo amigable” para su entrega? Muchos dicen que usted negoció con el gobierno y que su entrega fue un show mediático.

Durante mi clandestinidad, mi entorno político y familiar fue asediado por la dictadura. Allanaron violentamente, con pistola en mano y derrumbando puertas, la sede de Voluntad Popular, detuvieron a varias personas de mi equipo buscando pistas de donde yo podía estar y allanaron mi residencia. La madrugada del domingo 15 de febrero allanaron la casa de mis padres, donde estaban mis hijos y Lilian, mi esposa. Llegaron 20 hombres, vestidos de negro, con capuchas, armas largas y una orden de captura por terrorismo y homicidio. Luego de requisar la casa e intimidar a mi familia, les informaron que el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, estaba en camino y que quería hablar con ellos.

Diosdado Cabello llegó con un plan y una propuesta muy concreta: que lo mejor era que me fuera del país y que incluso él “amablemente” podía ayudar con las gestiones para tal fin con distintos países. Ese día, antes de la inesperada visita, yo pude hacerle llegar mi decisión a mi familia. La única persona con quien me reuní durante mi clandestinidad fue con Carlos Vecchio y fue precisamente ese sábado. A Carlos le pedí que le comunicara a mi familia la decisión que había tomado de presentarme voluntariamente ante la justicia injusta y que lo haría el martes 18 de febrero. Fue oportuno que ese mensaje le haya llegado antes a mi familia, que le había dicho a Carlos que me tratara de convencer de que pensara bien la opción de salir del país. Luego de que Carlos les comunicara la decisión, ellos la respetaron y así se lo hicieron saber a Diosdado Cabello.

Ante la negativa de la salida del país como opción, Cabello le propuso a mi familia que el asilo en una embajada también era una alternativa en la que el estaba dispuesto a “ayudar”. La respuesta fue la misma, porque mi convicción ha sido, es y será no irme de Venezuela.

Según me cuentan mis padres y Lilian, la reunión fue cordial dentro de lo que cabe en un momento como ése. Incluso ante la insistencia de Lilian de que me estaban persiguiendo injustamente, Cabello les reconoció a ellos que yo era inocente y que esto era una medida política. Les dijo que a ellos los tomó por sorpresa nuestro llamado a la calle, sobre todo luego de los resultados de las elecciones municipales en las que Voluntad Popular había salido como el partido de la unidad con mayor número de alcaldías, de las cuales la mayoría las habíamos ganado en lugares donde siempre había gobernado el PSUV (incluyendo el Municipio Maturín, capital del Estado Monagas, segundo estado en importancia por su capacidad de producción petrolera y casualmente estado natal de Diosdado Cabello y donde fue electo diputado). Esa primera reunión terminó cordialmente pero sin ningún acuerdo, por la simple razón de que no había nada que acordar.

El domingo, desde la clandestinidad, grabé un video para pedir a los venezolanos que me acompañaran el 18-F, cuando decidí presentarme ante la justicia injusta. Fue un mensaje sencillo y directo, en el cual les pedía, además, que vistieran una prenda de color blanco, como una muestra de nuestra convicción en la no violencia. Ese video tuvo un impacto inmenso por las redes sociales la noche del domingo y el lunes. El domingo en la noche, en cadena nacional, Maduro volvió a arremeter en mi contra, llamándome terrorista asesino y reiterando que la fuerza pública estaba desplegada buscándome. En esa cadena también asomó, por primera vez, la versión según la cual “les había llegado” información de que había sectores (de la oposición) interesados en asesinarme.

La madrugada del martes, Diosdado Cabello se volvió a comunicar con Lilian pidiendo otra reunión. Nuevamente fue a la casa de mis padres. Se reunieron, y en esta oportunidad el planteamiento era otro. Tenía información de que me iban a asesinar, de que había planes para matarme si me entregaba en público. Su propuesta fue que si me iba a entregar, que lo hiciera en un lugar controlado y con testigos, pero no en la manifestación porque me iban a matar.

Como es lógico, un planteamiento de este calibre, expuesto por el hombre fuerte de la dictadura, era para tomarlo en serio por parte de mi familia. Desde las 3 am me comuniqué con Lilian que me pedía que no me entregara, que pensara en nuestros hijos. La angustia generada a Lilian y a mis padres era más que comprensible. Ya la amenaza había escalado a lo más alto que podía llegar, la muerte.  Lilian y mis padres me insistieron hasta el último minuto y yo siempre manifesté mi voluntad de permanecer en el país, al costo que fuera. Había tomado una decisión, la cual mantengo, que es la correcta: enfrentar, en todos los terrenos, en todos, y en especial en el moral, a la dictadura.

Ese martes salí del lugar en donde estuve en clandestinidad a las 4 am. Me estaba quedando con una familia muy amable con la cual estaré eternamente agradecido. A ellos los conocí el día que llegué a su casa. Nunca había estado allí ni en el sector, nunca. Fueron días de mucha presión y las últimas horas iban a ser de mayor presión.

A las 4 am salí escondido en la maleta de un carro en un trayecto de 45 minutos hasta un lugar cercano al lugar de la concentración. Durante esos 45 minutos que parecieron horas, no dejé de pensar en las víctimas del secuestro que son sometidas y trasladadas de esa forma. Estaba sensibilizado con el tema puesto que días antes habían secuestrado y asesinado al hermano de un buen amigo mío. También pensé en mi familia, mis hijos y sobre todo pensé dónde iba a terminar ese 18 de Febrero. Cómo iba a ser mi futuro en la cárcel.

A las 5.30 am llegué a casa de un amigo y allí esperé el momento de ir a la concentración. Fueron unas horas tranquilas, hablamos del país y de lo que estaba pasando con las protestas. Lilian, que estaba con mis padres, seguía insistiendo en que pensara bien lo que iba a hacer. A las 11.30 am llegó la hora de irnos. Bajamos del edificio y las calles estaban llenas de funcionarios del SEBIN, DIM, Policía Nacional. Había decidido irme en moto manejando yo mismo, sin mayor compañía que un amigo en otra moto.

Logré llegar a la concentración. Fueron minutos tensos. De hecho tuve que pasar por una alcabala y me escabullí sin levantarme el casco integral. Sabía que al llegar a la multitud ya no me podrían detener. Llegar a esa concentración fue como llegar a la meta de primero en un maratón. Cuando llegué, me quité el casco y comencé a caminar hacia la plaza Brión. No había ninguna tarima, ni sonido. Sólo había gente, muchísima gente, mucha más gente de lo que nunca imaginé, sobre todo porque la convocatoria se hizo de una manera artesanal vía redes sociales. Nunca voy a olvidar la inmensa solidaridad y cariño que me transmitió el pueblo venezolano, pueblo por el que sin duda me entregaría mil veces más.

Al llegar al final de la concentración, decidí montarme encima de una estatua de José Martí que, como anécdota, habíamos remodelado durante mi gestión de alcalde. Desde allí dirigí unas cortas palabras. Expliqué que me presentaba ante una justicia injusta porque no había cometido ningún delito y que para mí no era una opción irme de Venezuela ni mantenerme escondido. Era inocente de los delitos que me acusaban y asumía mi responsabilidad por convocar a la protesta y ésa era, y sigue siendo, mi mayor fortaleza.

Al llegar al cordón estaba el Comandante General de la Guardia Nacional, el General Noguera. No lo conocía. Él y el General Benavides me detuvieron, insistieron en que me pusiera un chaleco antibalas y un casco, a lo que me negué. Caminamos muy lentamente por la cantidad de gente hasta donde estaban unas tanquetas blancas. Allí me empujaron dentro de la tanqueta, pero el gentío no permitía que cerraran la puerta y, de hecho, la puerta de la tanqueta se cayó. Luego de unos minutos llegó mi abogado Juan Carlos Gutiérrez, quien me acompañó durante el resto del trayecto, así como me ha acompañado siempre durante más de diez años de persecución judicial, en los que he dado la cara una y otra vez por más absurdas e injustas que sean las acusaciones.

La gente se acostó en frente del vehículo y no nos podíamos mover. En eso estuvimos casi 3 horas. La gente no se iba, y nos movíamos muy lentamente y en varias oportunidades tuve que hablar por el megáfono para calmar a la gente. De hecho sucedió lo que yo le había dicho al general Noguera, “si no hay represión no habrá violencia, somos gente de paz”. Así fue. A lo largo de ese recorrido no dejaba de sonar el teléfono de Noguera. Lo llamó el Vicepresidente de la República, Arreaza; el Presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello; y en varias ocasiones, Nicolás Maduro. Su respuesta siempre fue la misma, “estamos avanzando lentamente porque hay mucha gente”.

Finalmente logramos salir, y una vez en la autopista fuimos a la Base Área de La Carlota. Llegamos al hangar de la Guardia Nacional y desde allí se podía ver el gentío tomando las puertas de entrada del aeropuerto. A la media hora de haber llegado, apareció Diosdado Cabello. La última vez que había hablado con él fue en el año 2007 cuando él era gobernador de Miranda y yo alcalde del municipio Chacao del mismo estado.

Lo saludé y le pregunté inmediatamente que cómo era eso de que había un plan para matarme. Él me dijo que tenía pruebas y que había varias grabaciones. A la fecha de hoy esas pruebas no han sido presentadas. No se conocen porque seguramente no existen. Luego me dijo: “Bueno, ¿qué hacemos?”. “¿Qué hacemos? Ustedes son los que me tienen preso”, le contesté. Ante esto, Diosdado dijo “la única manera de salir es en helicóptero y el plan es que van a salir 3 helicópteros y nosotros vamos en uno hasta Fuerte Tiuna (otra base militar de Caracas) y de allí a tribunales. Yo accedí con la condición de que permitieran a mi abogado y a mi familia venir también. Me vino a la mente el momento cuando el dictador Marcos Pérez Jiménez llamó a Jóvito Villalba luego del fraude del 52 para “conversar”, lo que resultó en su exilio forzado. Temía que me pudiesen montar en un helicóptero y sacarme de Venezuela como había sido la “sugerencia” de Diosdado.

El trato con Diosdado fue cordial. Pese a la situación en la que me encontraba debo decir que disfruté el vuelo en helicóptero, es un privilegio poder ver a nuestra Caracas desde el aire y me llenó de mucha fuerza ver el mar de pueblo que se derramaba en las calles. La última vez que lo había hecho había sido con Iván Simonovis, también preso político, años antes, cuando él era Secretario de Seguridad Metropolitano y yo alcalde de Chacao.

Llegamos a Fuerte Tiuna y de allí a los tribunales en una camioneta manejada por Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, convertido en el ejecutor de mi detención. Logramos conversar durante ese trayecto sobre la situación del país. Le dije que con los jóvenes detenidos en Táchira y Nueva Esparta se estaba cometiendo una grave injusticia y que debían ser liberados por ser inocentes. Confesó mucha preocupación por la situación económica y entre líneas hizo críticas duras a los que llamó “los genios que están manejando la economía que siempre tienen respuestas para todo, pero la situación es crítica”. Al llegar a los tribunales tuvimos que esperar en el carro porque no se había instalado el tribunal, ni estaba el acta policial ni la acusación de la fiscalía. Pude presenciar cómo Cabello llamaba directamente a la presidenta del TSJ y a la Fiscal para preguntarles, incluso en tono de dar órdenes, por qué no estaba listo mi caso. Le pregunté qué pasaba y me dijo “es que nadie pensaba que te ibas a presentar y no tenían nada listo”. Subimos a tribunales y me dijo “es primera vez que piso este edificio”. Y yo pensé, pero no la primera vez que llama a un magistrado, a la Fiscal y la presidenta del TSJ para ver “cómo van las cosas”.

Esa noche, luego de un primer encuentro con la juez 16 de control, ordenó mi privativa de libertad en Ramo Verde.

Me trasladaron a Ramo Verde en una caravana de motos y camionetas. En la camioneta donde yo iba estaban Cabello, el director del DIM y el general Noguera, comandante de la Guardia Nacional.

Ramo Verde es un centro de reclusión militar. Al llegar nos recibió la oficialidad y el director, el coronel (GN) Humberto Calles. Su saludo fue: “Chávez vive, la lucha sigue”. Frase que a pesar de ser repetida todas las mañanas en formación de la custodia, luego de 210 días de estar aquí, sé que no es compartida por la gran mayoría de los uniformados.

La primera noche en la cárcel es la más dura. Luego de los días y horas intensas que había pasado, encontrarme en la soledad de una celda me impactó. Por primera vez en horas pude asimilar lo que había ocurrido ese largo 18 de febrero, que comencé escondido en la maleta de un carro.

El día siguiente tocaba la audiencia de presentación que debía ser en tribunales del Palacio de Justicia. La decisión del régimen fue no sacarme de Ramo Verde y hacer la audiencia en un autobús llamado “tribunal móvil” a las puertas de la prisión. Esto, con la intención de guardar las formas de que no estaba siendo juzgado dentro de una instalación militar. La audiencia duró 12 horas y, al final, luego de escuchar los alegatos absurdos de la fiscalía, me dejaron preso. Los fiscales no me veían a los ojos, y al terminar uno de ellos simplemente me dijo, “lo siento mucho”.

Me encarcelaron en una celda que es conocida como “El Tigrito”, el lugar de castigo del penal, en un anexo apartado del resto de la población. Desde que llegué he estado encerrado en esta celda, aislado del resto de los internos, sin tener el régimen de actividades a las que tiene acceso la población del penal y con prohibición de visitas que no sea de mi familia directa.

Si usted insiste tanto en que el gobierno venezolano es una dictadura y que el país está bajo el dominio de una justicia injusta, ¿por qué se entregó? Entregarse a una dictadura es un contrasentido, algo que no se ve en la larga historia de la resistencia.

Ante esa pregunta, siempre respondo que, en primer lugar, no me entregué. Me presenté por mis propias convicciones de inocencia frente a una justicia injusta. Aunque nunca pensé en otra opción que presentarme, durante la semana que estuve en clandestinidad, sin comunicación y acompañado sólo de la radio, las acusaciones en mi contra eran muy fuertes y cargadas de manipulación y mentira, como lo ha sido todo este proceso. Declaraciones de Maduro diciendo que habían desplegado toda la fuerza pública para “buscar al terrorista”, acusaciones por homicidio y terrorismo en mi contra llenaban los noticieros por parte de todos los voceros de la dictadura. Ya la decisión estaba tomada: me quería preso y ya estaba declarado culpable frente a la opinión pública como responsable de la violencia que ellos mismos habían generado. Sabía que lo que venía iba a ser muy difícil porque estaba enfrentando a toda la maquinaria del Estado. Un Estado en el que se ha instalado una cúpula corrupta e ineficaz dispuesta a todo con tal de mantenerse en el poder, lo cual la hace aún más peligrosa.

Estando seguro de estar del lado de la verdad, del lado correcto de la historia y de ser inocente de los delitos que me acusaban, también sabía que la maquinaria propagandística para el asesinato moral, desplegada por el Estado y a la que me he visto expuesto desde hace años, pudiera haber tenido algún efecto y que eso podía condicionar los apoyos a nuestra causa.

Pero no tengo nada que temer y mi conciencia está tranquila ante todo. Frente a esta dictadura hemos dado la batalla en todos los terrenos. Hemos participado en procesos electorales a través de mi organización política, Voluntad Popular y a través del apoyo a Henrique Capriles en octubre de 2012 y abril de 2013. Yo no lo he podido hacer directamente porque cobardemente el gobierno me inhabilitó desde el año 2008, hace 6 años. He dado la batalla en el terreno de la calle y de la protesta legítima y pacífica, he dado la batalla una y otra vez ante un sistema de justicia corrupta, luchando contra dos inhabilitaciones, acudiendo a la justicia internacional por no encontrar justicia en mi país y ahora estoy dando una batalla moral. Estoy convencido de que quienes queremos liderar debemos predicar con el ejemplo. Yo no iba a huir de mi país, no me iba a ocultar. Estoy convencido de que quienes queremos liderar no debemos conducirnos por cálculos políticos. La verdad no se cuánto tiempo estaré acá, pero si sé que durante el tiempo que dure mi cautiverio, estaré tranquilo, sereno y claro con mis principios y mis convicciones.

Si la justicia es así, ¿tiene sentido martirizarse ante un sistema que no ofrece autonomía en las decisiones y que está, como usted sabe muy bien, no sólo por este episodio sino por otros previos como su inhabilitación, marcadamente sesgado; una justicia que, a fin de cuentas, lo único que puede garantizar son decisiones viciadas? ¿Es eso un ejemplo de batalla moral? Entonces, repito la pregunta: ¿para qué entregarse? ¿Qué perspectivas de justicia ve usted y cómo piensa que se puede resolver su caso?

En primer lugar, parece que es necesario aclarar que estoy preso por decisión de la dictadura. De Maduro y sus cómplices, quienes no menos de 20 veces desde el año 2013 me amenazaron por cadena nacional con meterme preso. Ante la orden de captura tenía tres opciones: irme del país, que nunca consideré; irme a la clandestinidad, que hubiese limitado aún más la posibilidad de expresarme y me hubiese expuesto al asesinato, ya anunciado por Diosdado Cabello a mi familia y por Maduro en cadena nacional, asesinato que según el régimen estaba siendo planificado por sectores opositores, pero que sabemos que en una situación de clandestinidad pudiera haber sido ejecutado por el propio régimen o sus grupos armados; o presentarme voluntariamente ante una justicia injusta. Opté por la tercera.

Creo que irme del país sí hubiese sido un factor desmoralizante en la base de la oposición y la segunda, irme a la clandestinidad, con el consiguiente riesgo de un asesinato, hubiese dejado literalmente “acéfalo” a este movimiento, aunque no me considero imprescindible, porque cuando un pueblo tiene la convicción clara de lucha por sus derechos y de recuperar la democracia, surgen cientos de líderes en cada rincón. Pero además, estar preso no es dejar al movimiento “acéfalo”, es estar en una posición distinta de lucha. Difícil, pero activo con todas las limitaciones.

Creo que dejar a la sociedad democrática acéfala es no liderar, así como esperar la posibilidad lamentable de que explote una situación que nadie quiere por las condiciones económicas y sociales por las que atraviesa el país. El liderazgo político debe tener frente a la crisis una estrategia de acción y no la simple espera como política dominante. Nuestro planteamiento es La Salida, el cual tiene por supuesto un sentido de urgencia, pero ¿es que la situación del país, de destrucción de país y el sufrimiento de nuestro pueblo, no lo amerita?Venezuela se cae a pedazos ante nuestros ojos.

Ante las injusticias, los atropellos y las violaciones a los derechos, se reacciona. A las injusticias se les combate: se les planta la cara con decisión, sin miramientos ni recelos, ni cálculos. Ahora bien, planteas igualmente que es atípico haberme entregado. No es atípico, más bien he conseguido ejemplos inspiradores en acciones de líderes que se enfrentaron a una justicia injusta de sus países entregándose y desafiando el sistema, para precisamente desnudar más ante los ojos de sus compatriotas y del mundo, ese sistema. Algunos de ellos: Martin Luther King Jr. y Mahatma Ghandi. Presentarme ante una justicia injusta, representa una nueva oportunidad de enfrentar la mentira, el abuso de poder y la necesidad de cambiar de raíz el sistema.

Mandela dijo una y otra vez que no hay mejores defensores de los Derechos Humanos que aquellos a quienes se les han violado sus propios derechos. Estar preso me ha acercado en carne propia a la descomposición de la justicia venezolana que padecen miles de venezolanos. La manipulación, el retraso procesal, la corrupción de jueces, la manipulación política de jueces y fiscales en su condición de provisorios que los hace dependientes, vulnerables, servidores de un sistema y no de la justicia, son para mí mucho más que cifras y diagnósticos, representan una vivencia que me obliga a tener una responsabilidad moral y patriota para cambiarlo.

Estoy preso físicamente, pero no en mis convicciones y sé que algún día, espero sea pronto, aunque el tiempo es algo que he aprendido a dominar y no me atormenta, saldré en libertad y tendré más fuerza que antes para luchar a favor de un cambio, a favor de una democracia plena para Venezuela.

Un líder debe ser capaz de inspirar a quienes como él persiguen un sueño. Con las duras circunstancias que vive el pueblo venezolano, he comprendido que los cálculos políticos sobran y que debía asumir un riesgo en pro de la libertad de Venezuela.

A seis meses de su detención, no cuesta observar que si bien el país se encuentra en una profunda crisis, la oposición atraviesa también uno de sus momentos de mayor eclipse. Usted está preso, María Corina Machado fue defenestrada, la MUD está en bancarrota, la represión ha llegado para quedarse, hubo 42 muertos y 3500 detenidos, los estudiantes, principales protagonistas de la protesta, fueron duramente castigados, lo que los obligó a replegarse; la población opositora se encuentra en buena medida decepcionada y apática. El chavismo también comienza a hacer aguas, pero sigue en control del gobierno y las instituciones. Hoy, pese a los esfuerzos de algunos voceros, la posibilidad de una solución por la vía de una Constituyente o de la renuncia del Presidente Maduro, luce muy remota.

Sobre la situación de la Unidad creo que afirmar que está en bancarrota y que la “población opositora se encuentra en buena medida decepcionada y apática” no representa más que una opinión, respetable por supuesto, pero que no comparto en absoluto. En la última encuesta ómnibus de Datanalisis observamos que Maduro perdería frente a la oposición por más de 10 puntos porcentuales cualquier elección y vemos que el bloque opositor representa cerca del 34 por ciento, versus 29 del oficialismo. En contraste, las cifras más recientes del IVAD, cuyo campo cerró el 8 de septiembre revelan que el bloque opositor es del 47 por ciento, versus 30 por ciento del bloque que apoya al oficialismo. Una diferencia que nunca se había registrado, al menos desde el 2002. Que exista un debate en la unidad es sano y no significa para nada que esté en bancarrota. La unidad que todos hemos construido con mucho esfuerzo desde hace algunos años se caracteriza principalmente por una cosa: pluralidad. En su seno hacen vida varios partidos y movimientos políticos, todos ellos con sus colores e ideas, pero unidos con un solo fin: encaminarnos hacia La Mejor Venezuela.

Lo que está sucediendo es natural y propio de un proceso de revisión y renovación en el que debió entrar la unidad luego de los procesos electorales de abril y diciembre de año pasado y que sin duda aceleró lo sucedido en nuestro país en el primer semestre del año. Es lógico que sea así. No es únicamente La Salida lo que empujó ese debate o ¿acaso lo sucedido en abril de 2013 y en diciembre de ese mismo año con las municipales no amerita a una revisión de la estrategia de la Unidad? En el marco de esa pluralidad es natural y hasta saludable que salgan y se discutan públicamente las diferencias. Famoso, por ejemplo, fue el debate entre quienes dentro de la unidad creían, por un lado, que el candidato presidencial para las elecciones del año 2012 debía nombrarse a través del consenso entre partidos políticos; mientras que, por el otro lado, estábamos quienes creíamos que debía elegirse a través de un proceso de elecciones primarias, donde participara todo el pueblo venezolano.

De igual forma el debate entre quienes creían que debíamos ir con la tarjeta de los partidos y los que creíamos que debíamos ir con una tarjeta unitaria. Y las diferencias actuales, entre quienes creen en mecanismos como la constituyente y en que debemos salir de este desastre lo más rápido posible, por la vía constitucional, y los que plantean esperar hasta el 2019. De esas diferencias salió fortalecida la Unidad, a pesar de que muchos, como sucede hoy, decían que se dividiría.

En ese contexto, ¿no empujó La Salida al país al punto ciego donde se encuentra hoy volviendo, incluso, a un sector de la oposición nuevamente vulnerable a las acusaciones de golpismo y conspiración? Si pudiera repetir la historia, ¿qué haría distinto? ¿Se entregaría nuevamente?

Decir que La Salida ha llevado al país a un punto ciego puede tener una lógica similar a la afirmación que hacen quienes dicen que los manifestantes que salieron a protestar en la calle fueron los causantes de la violencia. ¡Quién ha llevado al país a un punto ciego, al más oscuro de su historia es el gobierno! La salida es precisamente un planteamiento político frente al desastre que vive nuestro país y el sufrimiento de nuestro pueblo. Este planteamiento se denomina así porque busca mostrarles a los venezolanos que sí existe una solución a la crisis política, social y económica que atraviesa a Venezuela.

No es cierto que consista solamente en intentar un cambio de sistema por medio de la protesta. El planteamiento de la salida concibe la protesta popular constitucional, pacífica y no violenta como vía necesaria para activar cualquier mecanismo constitucional, porque estamos frente a una dictadura que no le va a regalar nada a la sociedad democrática. Presión popular mediante la protesta pacífica y no violenta y activación de los mecanismos constitucionales, son los elementos que forman el planteamiento central de La Salida.

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DC/ vía Prodavinci

Foto: Archivo

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