La ausencia de Cristina Fernández dispara los apetitos por la sucesión en Argentina

La ausencia de la presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, del escenario público durante más de un mes, ha tenido un efecto inmediato. Dentro del oficialismo comienzan a asomar la cabeza candidatos que no ocultan sus apetitos por heredar el histórico sillón de Rivadavia, donde se sientan los jefes de Estado.

En época de Néstor Kirchner, ningún ministro o ex ministro se hubiera animado a expresar sus deseos de competir por la Presidencia, pero la situación del país y el Gobierno no son lo que eran. Apenas quedan dos años para que finalice el mandato de la viuda de Kirchner y los peronistas —oficiales y rebeldes o «auténticos», como les gusta denominarse— se ponen a la cola de las puertas de la Casa Rosada.

El ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, pasó de expresar tímidamente su deseo hace unos meses a confirmar de manera expresa que se siente un potencial elegido para gobernar Argentina a partir de 2015, fecha de las elecciones. Randazzo reconoció hace unos días que analiza seriamente presentarse como candidato, pero«siempre dentro del Frente para la Victoria y este modelo que sacó adelante la Argentina», confío el hombre que integra las filas de la corriente peronista fundada por el matrimonio Kirchner. Su «postulación», según sus palabras, responde a que se siente «acompañado y avalado» por la presidenta.

Hasta el momento, Cristina Fernández continúa sin pronunciar palabra sobre éste y otros asuntos más inmediatos como la inflación o la negociación de la deuda argentina con el Club de París (unos 9.500 millones de dólares). Esta asignatura pendiente es la que el ministro de Economía, Axel Kicillof, trataba de aprobar, en una eterna reválida, este lunes en su viaje a Francia.

En la parrilla de salida

Kicillof, considerado uno de los favoritos de la presidenta y de su influyente hijo, Máximo Kirchner, también forma parte del elenco de posibles sucesores. El hombre que pensó y articuló la intervención y posterior expropiación de YPF a Repsol evita pronunciarse sobre la sucesión. En su lugar lo hacen otros, que le colocan en la parrilla de salida de una carrera que promete tener muchos competidores.

El diputado kirchnerista Edgardo Depetri fue el primero en señalarle como posible heredero del legado «K». También Depetri se ocupó de abrir el abanico de los concursantes al gran premio —o no— de la Casa Rosada. «Hay muchos candidatos», declaró recientemente. Entre otros, citó también a Sergio Uribarri, gobernador de Entre Ríos, a Jorge Capitanich, actual jefe de Gabinete y gobernador en excedencia del Chaco (en marzo decidirá con qué puesto se queda) y al gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli. Este último no pertenece a la cuerda «kirchnerista», pero ha demostrado una habilidad formidable para evitar que se la anuden en la garganta y goza de una nada desdeñable popularidad.

A la lista de presidenciables se suma un «pata negra» del peronismo, con la virtud natural de adaptarse al poder de turno como Aníbal Fernández. El exjefe de Gabinete de Cristina Fernández anunció que, en su fuero interno, las intenciones de suceder a la presidenta siguen latentes. «No lo descarto», reconoció cuando le preguntaron si también se apuntaba a la sucesión.

«El próximo presidente tiene que salir de La Cámpora», dice el padre de Macri

En este escenario, las declaraciones de Franco Macri, empresario de pensamiento laxo y padre del jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, cayeron como un jarro de agua fría en su hijo. «El próximo presidente tiene que salir de La Cámpora», sentenció en una entrevista en la revista «Noticias». «La Cámpora» es la organización de jóvenes ultra «K» fundada por Máximo Kirchner cuyos máximos referentes, colocados en puestos importantes como Mariano Recalde, al frente de la gestión de la también expropiada Aerolíneas Argentinas, no ha resultado, precisamente, un éxito.

Mauricio Macri, férreo opositor al Gobierno de Cristina Fernández y candidato en 2015, tras leer las declaraciones sobre él de su padre, debió pensar que el enemigo también está en casa. «Tiene la mente de un presidente pero no el corazón», remató el empresario.

Así las cosas, el oficialismo no pierde de vista al hijo pródigo: Sergio Massa. El ex jefe de Gabinete de Cristina Fernández se fue del Gobierno por diferencias irreconciliables. Como el resto, deberá buscar aliados, sobre todo cuando se acerque la hora de que la presidenta salga por la puerta —de adelante o de atrás— de la Casa Rosada. La fecha, de momento, una incógnita.

DC/ ABC

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